El dar en el Nuevo Testamento - 2 de Corintios 8 y 9



Como se dijo previamente, diezmar es un término casi desconocido en el Nuevo Testamento. Aquí necesito aclarar, que cuando estoy hablando del Nuevo Testamento, me refiero al Nuevo Pacto, al pacto que fue instituido con el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Todo lo anterior a eso, era parte del Viejo Pacto y estaba dirigido a los judíos. Todo lo referente después, es parte del Nuevo Pacto y está dirigido a los cristianos, a la gente que cree que Jesucristo es el Señor y que Dios lo levantó de los muertos (Romanos 10:9). El Antiguo Testamento, el Viejo Pacto, sin duda alguna tiene mucho qué decir sobre el diezmo (esta palabra se usa 36 veces ahí), pero el Nuevo no. Más bien, el Nuevo Testamento habla mucho sobre el dar. Para ver lo que la Palabra de Dios dice para nosotros –los que vivimos bajo el Nuevo Pacto, bajo esta nueva administración de gracia- empezaremos a partir de 2 de Corintios 8-9. Esos son dos capítulos que tratan directamente sobre este tema y contienen abundante información al respecto. Hay otras partes del Nuevo Testamento que hablan al respecto (las cuales veremos más adelante), pero en ninguna parte hay tanta información escrita sobre eso como en estos dos capítulos. Vamos a explorar esta información de la siguiente manera: leeremos bloques de la Escritura de estos dos capítulos y luego los exploraremos para ver lo que nos dicen sobre el dar.

 

2 de Corintios 8:1-4: ¿Qué dieron, cómo y con qué propósito?

Empezando nuestro estudio desde 2 de Corintios 8:1-4 leemos:

 

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.”

 

Este pasaje habla sobre los creyentes, la gente que hizo las iglesias de Macedonia. Pablo describe aquí cómo dieron y aunque hay más que notar en este pasaje he enfatizado lo siguiente:

 

1. Los hermanos pedían el “privilegio de participar” para ayudar a los santos. El texto en griego, traduce esta acción con la palabra “charis” que significa “gracia” y se traduce como tal en la Reina Valera Antigua “Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos.” En otras palabras, una traducción más exacta sería “que les concediésemos la gracia de participar en el servicio de los santos”. Lo que se les servía a los santos en la era de la gracia no se llama “diezmo” sino “gracia”. Dar el diezmo (diezmar) pertenece a la época de la ley. En la era de la gracia ya no se diezma sino que “se da de gracia”.

 

2. “dieron de su propia voluntad”. Tomé 2 de Corintios 8:3 de la versión “La Biblia de las Américas” ya que otras traducciones al español dicen “dieron con agrado” y carecen de esta parte. Aquí vale la pena volver al texto en griego. Ahí, la palabra usada es “authairetos”. Como el diccionario de Vine dice sobre esta palabra:

 

“authairetos es una forma de autos, mismo, y haireomai, para escoger, escogido por sí mismo, voluntario, por acuerdo propio, viene en 2 de Corintios 8:3 y 17, de las iglesias de Macedonia refiriéndose a los regalos para los santos pobres y a Tito en su voluntad de ir y exhortar a la iglesia de Corinto en cuanto a esta materia”. (Diccionario informativo de las palabras del Nuevo Testamento de Vine) Mac Donald Publishing company, p.25. (Énfasis agregado.)

 

Los creyentes de Macedonia NO estaban forzados a dar. Lo que dieron fue voluntariamente. De nuevo, hay una gran diferencia con el diezmar. El diezmo era obligatorio en el Antiguo Testamento. Sin embargo, lo que aquí tenemos no es una obligación. Lo que aquí tenemos no es diezmar sino algo completamente diferente. Contribuciones voluntarias de los santos, hechas de libre voluntad y bajo el acuerdo propio de cada quien. En comparación a esto, hoy vamos a escuchar a mucha gente predicando sobre el diezmo y de lo que la gente LE DEBE a Dios y a la iglesia y si no lo dan, estafan a Dios. De este modo, la gente está forzada, mediante la culpabilidad, a hacer lo que el predicador dice. Eso, obviamente no tiene nada que ver con la libre voluntad, con las contribuciones voluntarias de las que Pablo habla.

 

3. “servicio de los santos”. Ahora, ¿para qué era ese regalo? Era para el servicio de los santos. Pablo nos habla más sobre la “ministración de los santos” en Romanos 15:25-26:

 

“Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.

 

Esa fue la última visita de Pablo a Jerusalén. Ahí estaba en prisión. Como dice sobre el propósito de su viaje en Hechos 24:17: “Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.” Como vemos en lo anterior, la ministración o servicio de los santos, la gracia que los creyentes de Macedonia y Acaya (Corinto) contribuyeron voluntariamente, era contribuciones (para los santos pobres que estaban en Jerusalén. El dinero era para los hermanos y hermanas pobres. Eso pobres miembros de la iglesia eran el objetivo del dar. La Escritura da mucha atención a la ministración de los santos pobres. Santiago, Juan y Pedro le dijeron a Pablo:

 

Gálatas 2:9-10
“y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.

 

Santiago, Pedro y Juan le dijeron a Pablo una cosa: “¡acuérdate del pobre!” Y Pablo procuró dicha petición. La gente hoy en día da sus diezmos a la iglesia, a la que asisten los domingos, mucho de eso va a los gastos de administración y muy poco (o nada) se destina a los pobres. La iglesia del Nuevo Testamento era al revés: la gente no daba involuntariamente –por culpa- sino voluntariamente y aunque hay otros motivos para dar (como veremos más adelante), el dar para los santos pobres era lo más importante.

 

2 de Corintios 8:5-8: Exhortación para dar: ¿Cómo lo hizo Pablo?

2 de Corintios 8:5-8
“Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.

 

Pablo exhorta a los creyentes a dar abundantemente. “abundad también en esta gracia”, les dice. Pero nota qué tierno es. Observa lo que dice en el siguiente enunciado: “No hablo como quien manda”. No vas a encontrar en ninguna parte del Nuevo Testamento la persuasión y el lenguaje que encontrarías en algunas iglesias hoy en día cuando se trata de dar o de “diezmar”. No vas a encontrar a Cristo, Pablo, Pedro o a Juan persuadiendo gente, recitando Malaquías ni ningún otro verso del Antiguo Testamento para que den sus “diezmos” o serán algo así como maldecidos (eso es lo que se da a entender en muchos de los sermones modernos de hoy en día). Pablo no es así. Tiernamente, exhorta a los corintios a abundar en esa gracia aclarando que no habla en tono de mando. No les ordena que lo hagan, sino que los exhorta a hacerlo. No tenía un presupuesto destinado a los santos pobres. No tenía un número o cuota específico enviado por las oficinas centrales, ni andaba por ahí presionando gente para alcanzarlo. Lo que hacía era declarar la verdad. Como dijo: “por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro” No de palabras vacías sino apoyo real.

 

2 de Corintios 8:10-14: “Dando de acuerdo a lo que uno tiene”

2 de Corintios 8:10-11
“Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis.

 

Este pasaje trata del deseo de dar y la realización de ese deseo. La primera parte de ese pasaje demuestra cuán importante es no solo el dar sino DESEARLO también. Lo que Dios quiere de su pueblo es el deseo de dar y la realización de ese deseo. Ninguno de estos dos funciona por sí solo. Dios no quiere que desees el dar y ¡nunca llevarlo a cabo! Decir siempre: “Ay qué bonito sería dar este regalo para el servicio de los santos” y nunca hacerlo aunque tengas la intención. Eso es hipocresía. Y viceversa, Dios no quiere que des sin desearlo de corazón, como una orden, por la persuasión de alguien. Siempre ten esto en mente. En el dar, ¡tanto el deseo como la acción llevada a cabo son importantes! La motivación para dar es el deseo de tu corazón. Como en Filipenses 2:13 dice:

 

Filipenses 2:13
“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

 

Dios trabaja en nosotros la voluntad, que deseemos, que queramos, para así hacer conforme a Su voluntad. De nuevo, como podemos observar, la forma en la que el Señor obra es poniendo el deseo en nuestro corazón. Ese es su máximo motivador. Persuasión y culpabilidad son motivadores equivocados e inválidos. Veremos más sobre eso más adelante.

 

Continuando en 2 de Corintios:

 

2 de Corintios 8:10-15
“para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.”

 

Hay tantas verdades en este pasaje que deberían ser mucho más predicadas que muchos versos sobre el diezmo del Antiguo Testamento. Pablo, hablando a los corintios sobre el dar les dice que deberían de dar “¡según lo que tienen!” Ahora, si el diezmo fuera válido en el Nuevo Testamento –que no lo es- yo esperaría que Pablo diera una declaración explícita de la siguiente manera: “da el 10% de tu ingreso. Punto.” ¿A caso dice algo así? Es posible que lo hayas escuchado en alguna predicación (explícita o implícitamente) desde un púlpito pero ¡no la escucharás de la Palabra de Dios! Y adivina ¿qué palabras son las que al final cuentan? “según lo que tienes” significa “de acuerdo a lo que tienes” y para que no haya malos entendidos, Pablo aclara: “¡no según lo que no tiene!” Hoy en día, algunas iglesias presionan (tiernamente o de otro modo) a sus miembros a dar su diezmo (esto es, el 10% de su ingreso) al fondo de la iglesia. A parte del hecho de que tal llamado está equivocado tampoco tiene ninguna reserva o condición agregada. Se espera que la familia pobre, que apenas y completa, tome 10% de su sueldo y lo de a la iglesia. Les dijeron que Dios los va a bendecir mucho más si lo hacen así. El dar el diezmo es algo que el Nuevo pacto no conoce. De acuerdo a la Palabra, cualquier cosa que uno da, debe ser según lo que uno tenga. No puedes tomar de lo que necesitas para suplir las necesidades de tu familia para cubrir las necesidades de otra, y mucho menos las necesidades de la organización de la iglesia (cuentas, personal, salarios, etc.) Eso es lo que la Palabra de Dios dice. ¡No lo tienes, no puedes dar! Como Pablo le dijo a Timoteo:

 

1 de Timoteo 5:7-8
“Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.”

 

Primero, se espera que proveas para tu familia y tu casa, esto es, para los que dependen de ti. Cualquiera que no lo haga así, dice la Palabra de Dios, es peor que un incrédulo. Después de que esas necesidades sean cubiertas, entonces ya puedes pensar en las necesidades de los de afuera de tu casa. Es según lo que tienes, después de las necesidades de tu familia se hayan proveído. Como Pablo también aclara en el pasaje anterior de Corintios:

 

2 de Corintios 8:13-14
Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,”

 

La intención de Pablo no era ayudar al pobre de Jerusalén ¡dejando pobres a los corintios! ¡No quería en ningún momento cargar a uno para alivianar al otro! Iban a ayudar de acuerdo a su abundancia. Era esa abundancia la que supliría la escases de los santos pobres de Jerusalén en aquel tiempo, para que la abundancia de aquellos, ahora pobres, pudiera suplir la escases de los corintios en otro momento.

Continuando, ya hemos mencionado que el regalo mismo no es suficiente. ¡No puede ser efectuado mediante una orden! Y aquí Pablo vuelve a repetir: “Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”.  Voluntad, un corazón dispuesto, es una condición previa para un regalo. Si (primero) esa voluntad está presente, entonces (segundo) se acepta de acuerdo a lo que uno tiene y no conforme a lo que no se tiene.

Para resumir: para que un regalo sea aceptable, la condición previa es un corazón dispuesto. Debe haber voluntad, un deseo de dar. Y según este deseo uno debe de dar. Se debe dar no de acuerdo a lo que no se tiene, sino conforme a lo que se tiene. La igualdad no se hace dando según tu escases, sino dando según tu abundancia, conforme a tu excedente, para cubrir las necesidades de otros. Tu excedente se reducirá y puede que se elimine pero su escases se reducirá y ¡puede que sea eliminada también! Eso es dar en el Nuevo Testamento.

 

2 de Corintios 8:16:21: Transparencia en la administración del regalo

Continuando en 2 de Corintios 8:

 

“Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.

 

Me quiero enfocar en una parte del pasaje anterior que enfaticé. Pablo no solo recolectaba contribuciones para los santos pobres, sino que también cuidaba de que nadie lo culpara a él o a su equipo “en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos”. ¿Porqué los culparían? De que usaran la ofrenda inapropiadamente. De que la usaran para sí mismos. De que dijeran una cosa e hicieran otra. Para evitar todo eso, estaba con él un hermano que había sido escogido por las iglesias para que viajara con él con esa ofrenda. Si tú estas administrando las ofrendas del pueblo de Dios, haz lo que Pablo: toma medidas de tal manera, que nadie pueda culparte en la administración de esas ofrendas. ¡Sé transparente! ¡Tan transparente como sea posible! Da actualizaciones frecuentes de lo que has hecho con la ofrenda. ¿Qué se recibió?, ¿qué se gastó?, ¿cuánto queda? Ten testigos en los que la gente confíe. No se debe de esconder nada. Debemos ser abiertos y transparentes con las ofrendas. Pablo se encargó de proveer cosas honorables no solo ante los ojos de Dios sino también ante los hombres. Del mismo modo debemos hacerlo nosotros.

 

2 de Corintios 9:1-5: la ofrenda como una bendición y no como avaricia

Avanzando ahora al capítulo 9 leemos:

 

2 de Corintios 9:15
“Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba; pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría. Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, estéis preparados; no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza. Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.”

 

La palabra traducida como “generosidad” en el último enunciado es la palabra griega “eulogia” que significa “bendición”. También, lo que se traduce como “exigencia” es la palabra en griego “pleonexia” que significa “avaricia”. Darby tiene una mejor traducción de este último verso:

 

“Me pareció necesario, por lo tanto, rogar a los hermanos de que fueran primero con ustedes y preparasen primero la bendición antes anunciada, para que esté lista como bendición y no como avaricia.”

 

Pablo llama a la ofrenda bendición. No es un diezmo, tampoco un dar de forma obligatoria. ¡Es una bendición! Así es como nosotros también deberíamos pensar de nuestros regalos a los santos pobres: ¡como bendiciones! Pablo estaba muy emocionado porque los corintios estaban muy dispuestos a dar, pero no los estaba presionando de ninguna manera. El regalo iba a “estar listo como bendición y no como avaricia [en griego: pleonexia]”. Les presento a continuación lo que un comentarista dice al respecto: (Barnes: Las notas de Albert Barnes sobre la Biblia):

 

“La palabra usada aquí (pleonexia) usualmente significa avaricia, codicia, lo que lleva a una persona a defraudar a otros. La idea aquí es que Pablo había hecho que se diera ese regalo como un acto de recompensa, generosamente de parte de ellos, y no como un acto de avaricia de su parte, no como exhortados por él de parte de ellos” (énfasis agregado)

 

Pablo quería que el regalo de los corintios fuera una bendición y no algo que se les había sido quitado por avaricia. Es una lástima que haya hoy en día gente que hace lo que Pablo menciona: usar la manipulación y el incentivo para extorsionar regalos de la gente. Hoy en día, a la gente frecuentemente no le importan los medios mientras obtengan lo que quieren y no debería ser así. Eso no es de ninguna manera lo que Dios quiere. Lo que quiere es que tu regalo sea una bendición, un acto de generosidad, algo que deseas y que puedas dar y que de ninguna manera sea algo que obtuvieron de ti mediante culpabilidad, extorsión o cualquier otra técnica que hoy en día se usan muchas veces. De regreso a Pablo, el no era codicioso en cuanto al regalo. Quería que los corintios dieran pero era muy cuidadoso, muy tierno. Era cuidadoso en el capítulo 8 y es cuidadoso aquí también. Como Barnes declara correctamente, quería que el regalo fuera un acto de recompensa, generosidad de su parte y no un acto de avaricia. Qué liberadora es la Palabra de Dios y cuánta extorsión existe hoy en la manera en que muchos demandan dinero.

 

2 de Corintios 9:6-7: La ley de sembrar y cosechar y (de nuevo) cómo dar

 

2 de Corintios 9:6-7
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

 

Si hemos escuchado algo, y eso muchas veces, de 2 de Corintios 9 es el verso 6 (“El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”). Pablo no usa el verso 6 para manipular a los creyentes a dar. Ya había hablado por lo menos hace un capítulo y medio de cómo dar, antes de llegar a ese verso. Lo que Pablo hace en el verso 6 es declarar una simple verdad: si siembras escasamente, escasamente segarás y si siembras abundantemente, abundantemente cosecharás. De acuerdo a lo que siembras, cosechas. Tu ofrenda será correspondida y será de acuerdo a cuánto hayas dado. SIN EMBARGO, la ofrenda debe ser voluntaria, de corazón. Ninguna ofrenda es bienvenida si se da de mala gana o con tristeza, sin alegría o si se da por compulsión o por necesidad. “Por necesidad” significa porque tienes que hacerlo. No quieres dar, pero de algún modo te están forzando a dar. Y eso es lo que muchas veces sucede con el diezmo. Los predicadores salen y recitan el verso de Malaquías y las páginas del Nuevo Testamento sobre el diezmo y terminan o insinúan que si no lo das a la iglesia vas a ser como maldecido por Dios y que tu lo estas defraudando. Luego, tú respondes ante eso y haces un cheque. En realidad, no diste voluntariamente, sino que diste porque no quisiste defraudar a Dios y estar bajo maldición –como el predicador te dijo. Preferirías alimentar al pobre, comprar unos sacos de arroz para esos pobres niños de República Dominicana por ejemplo, o apoyar a ese evangelista que predica la Palabra en la India. Pero ahora el predicador te forzó a dar para algo más, algo para lo que tú en realidad no querías dar. Así que das porque te sientes culpable, para no sentirte condenado. Ahora, si eso no es dar con tristeza y por necesidad, me pregunto entonces ¿qué es? Querido hermano, ¡no tienes que sucumbir ante tales llamados! Lo que te dijeron simplemente no es la voz de la Palabra de Dios. No debes de dar porque alguien te presiona a dar sino porque en realidad quieres dar de corazón. Si das porque te sientes culpable, si sientes tristeza, Dios no le dará la bienvenida a esa ofrenda. También, a aquellos que usan técnicas de condenación y culpa para forzar al pueblo de Dios a dar para sus propios propósitos, me gustaría señalar: Pablo dijo que no quería que las ofrendas les fueran quitadas. En realidad Dios no quiere tales regalos, porque la gente no los dio voluntariamente sino que de hecho les fueron quitados, ¡robados si quieres! ¡No mediante el poder de la fuerza sino mediante el poder de las palabras! Habiendo dicho lo anterior, vayamos a echarle un vistazo a 1 de Juan 3:16-18:

 

1 de Juan 3:16-18
“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

 

La Palabra de Dios dice que no demos de mala gana o por necesidad, porque alguien te dijo que dieras. Sino que debemos dar de corazón y ser generosos. Dios ama al dador alegre. A Dios no le agradan las ofrendas dadas con tristeza. De igual manera es pecado el amor al dinero. Como Pablo dijo “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 de Timoteo 6:10). También dijo que la autenticidad de nuestro amor se prueba en cuánto amamos a los demás. Y lo que Juan explica aquí es una situación real: tienes dos hermanos. Uno tiene los bienes de este mundo. Tiene camas disponibles en casa. Tiene suficiente dinero en el banco. Tiene suficiente comida almacenada. Y luego este hermano se topa con otro que padece necesidad. Una necesidad que el primero puede satisfacer. ¿Qué es lo que el primer hermano debería de hacer? ¿A caso debería orar por su hermano en necesidad? Sí, eso debería hacer también, pero ¡no se debería quedar ahí mirando nada más! Debe de darle para ayudarlo. No debería cerrar su corazón hacia el hermano como dice Juan y solo decir una oración o un “Dios te bendiga hermano” y dejarlo ahí. La prueba de tener cuidado de los otros prueba la sinceridad de nuestro amor y si el amor de Dios mora en nosotros o no. Y en realidad eso es un tema muy importante.

Ahora, volviendo al sistema del diezmo, hay otra distorsión creada por eso: se forza a la gente a dar su diezmo en la canastilla de la iglesia local y luego cuando ven a un hermano en necesidad piensan “ya di mi diezmo a la iglesia”. Así que damos por necesidad para propósitos que poco ayudan al pobre (la mayoría de lo que se da en la canastilla de la iglesia local en realidad no termina ayudando al pobre –es triste pero real y un vistazo al presupuesto de la iglesia es suficiente para verificarlo) y cuando viene un pobre no queremos o no podemos ayudarle. Esto es real, triste y una situación común. Regresando a 2 de Corintios 9:6, la gente usa este verso para decirles a otros que si dan mucho Dios se los va a regresar multiplicado. De hecho, además de 2 de Corintios 9:6, de nuevo usan Malaquías para lo mismo:

 

Malaquías 3:10-12
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.”

 

Entonces la gente da, esperando que Dios se los regrese multiplicado. Algunos predicadores y ministros usan el pasaje anterior equivocadamente persuadiendo a su audiencia a dar con la promesa de muchas bendiciones financieras. Así que la gente da. ¿Pero porqué? ¿Cuál es el motivo? Ninguno de los motivos mencionados en 2 de Corintios 2 o en el resto de la Palabra de Dios. NO es un acto de generosidad de corazón, sino un acto hecho por culpabilidad (dan para no defraudar a Dios como el predicador les dijo) o un acto de codicia (dan para que se les regrese mucho más). A Dios se le presenta como una máquina de hacer dinero, como un banco. Da tu diezmo y te será devuelto multiplicado. ¡Tener al dinero como motivación es un error! Aunque Dios sí regresa generosamente a aquellos que dan en abundancia, estaría fuera de orden y de carácter para Pablo usar 2 de Corintios 9:6 para persuadir a los corintios ¡a dar bajo las promesas de más y grandes cosechas! Lo que yo creo que Pablo quería hacer era declarar los hechos. Sin duda hay cosecha para los dadores. Sin duda hay recompensa, no sé qué es, pero ¿porqué tendría que ser necesariamente una cosecha financiera o sola y únicamentemente una cosecha financiera o una cosecha que se refiere únicamente a la vida terrenal presente? Lo más importante ¡es que hay una cosecha! Y también el que siembra escasamente, escasamente cosechará y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. ¡Eso es un hecho! La Palabra no habla de cosechas financieras, habla de cosechas y puede haber muchos tipos de ellas, incluyendo financieras. ¿Las quieres llamar “bendiciones”, aquí y en el cielo? Llámalas bendiciones. ¡A mí me gusta más la palabra cosecha! ¿Quieres cosechar mucho? ¡Siembra mucho también!

 

2 de Corintios 9:8-15: “Todo lo suficiente en todas las cosas”, garantizado por Dios

 

2 de Corintios 9:8-9
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.”

 

Dios a través de Pablo no deja sombra de duda: nadie va a padecer necesidad por dar generosamente. Como pone en claro, Dios asegura que ¡tendrán lo suficiente en todas las cosas y eso siempre! ¡Tendrán abundancia por cada buena obra! ¡Dios mismo lo garantiza! Luego Pablo cita el Salmo 122:9; “Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre”. Ahora este pasaje no se refiere a Dios. No dice: “Dios ha repartido, Dios ha dado al pobre; la justicia de Dios permanece para siempre”. Sino que este Salmo se refiere al hombre que teme a Dios. Vamos a leerlo completo porque contiene más promesas:

 

Salmos 112:1-10
Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; Es clemente, misericordioso y justo. El hombre de bien tiene misericordia, y presta; Gobierna sus asuntos con juicio, Por lo cual no resbalará jamás; En memoria eterna será el justo. No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo. Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder será exaltado en gloria. Lo verá el impío y se irritará; Crujirá los dientes, y se consumirá. El deseo de los impíos perecerá.”

 

Hemos escrito intensamente sobre el temor del Señor en otro estudio1. ¡El hombre que teme al Señor será bendecido! Y una de las cosas que hace el hombre que teme a Dios, es dar al pobre. Es generoso al dar. Reparte. No es tacaño, sino generoso, porque Dios es su abundancia. Y como 2 de Corintios dice, Dios mismo garantiza que cuando das generosamente al pobre no te va a faltar semilla. Como Pablo dice:

 

2 de Corintios 9:9-15
“como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!”

 

Dios, quien suple la semilla al sembrador y el pan para la comida suplirá y multiplicará la semilla que hemos sembrado para que podamos sembrar aún más. Y Pablo explica que ese regalo, la ofrenda al pobre, abundará en muchas acciones de gracias a Dios. En el ejemplo de los corintios los receptores glorificaban a Dios por la generosidad de los hermanos y hermanas de Corinto.

 

Conclusión de nuestro estudio de 2 de Corintios 8-9

Ahora vamos a resumir lo que aprendimos de este estudio de 2 de Corintios 8-9. Como dijimos, esos son dos capítulos que contienen mucha información sobre el dar más que cualquier otra parte de la Palabra escrita para la iglesia de Dios. A continuación, los puntos más sobresalientes:

 

i) Lo que habla 2 de Corintios 8-9 es sobre regalos, ofrendas, gracia. No habla de diezmos ni diezmadores sino de regalos y dadores.

ii) El propósito del regalo era para apoyar a los santos pobres de Jerusalén. Apoyar a los santos pobres no es el único propósito al cual puede ir la ofrenda. Veremos más propósitos. Sin embargo, dar al pobre es uno de los más importantes. Yo creo, basado en la Escritura, que apoyar a los santos pobres debería tener una prioridad muy alta en el dar de la gente y en el dar congregacional.

iii) La gente daba libremente y no estaba forzada a dar.

iv) En el mismo punto: desear era una condición previa para dar. Era el motivador principal. No hay lugar en 2 de Corintios para regalos dados por culpabilidad o “porque es obligatorio”.

v) La gente daba conforme a lo que tenían y no en cuanto lo que no tenían. No había un porcentaje fijo de cuánto alguien debería de dar. Todo era una combinación de a) deseo y b) posibilidad esto es, “conforme a lo que tenían”. Ahora, hablando de deseo, un verdadero cristiano que tiene el amor de Dios en él, sí tiene el deseo de ayudar a los hermanos pobres. Juan pone en claro que si alguien ve a un hermano en necesidad y tiene los medios para ayudarlo, y escoge “cerrar su corazón a él, ¿cómo es que mora el amor de Dios en él?” (1 de Juan 3:16-18)

vi) Siguiendo la misma línea, Pablo quería que la ofrenda fuera un acto de generosidad de lado de los corintios y no un acto de avaricia o codicia de su parte, donde él de algún modo extorsionara el regalo de ellos a través de culpa o cualquier otra forma manipulativa. En comparación con muchos hoy en día, Pablo no usaba la culpabilidad para tomar la ofrenda. El regalo no es lo único importante. Es igualmente importante cómo era tomado el regalo. Usando culpabilidad para motivar a la gente a dar está equivocado. El único motivador válido que veo es el desear de corazón hacerlo.

vii) Luego vimos que el regalo no debe de darse de mala gana o por necesidad. Sino que debería de darse con alegría. Otra vez vemos lo mismo que en el punto vi) anterior. El regalo en sí mismo no es suficiente. Es igualmente importante cómo se da el regalo y qué es lo que motivó a la persona a dar.

viii) El que siembra escasamente, escasamente segará y el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Si quieres una ley, esta es una ley, un principio que nunca será violado. Dar es como sembrar semilla. Siembras mucho, cosechas mucho. No significa necesaria ni únicamente cosecha financiera. Significa cosecha, y esa cosecha puede ser varias cosas, incluyendo cosechas “financieras”. Pablo no establece eso para persuadir a la gente para que den por codicia. No hay nada bueno en la codicia y eso nunca puede ser un motivador para nada. Dice eso para establecer un hecho, y la ley de sembrar y cosechar es un hecho.

ix) Dios mismo asegura que de ninguna manera empobrecerás dando generosamente. Dios mismo lo garantiza. Como la Palabra dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. TODA gracia, TODO lo suficiente, en TODAS las cosas, SIEMPRE, para que tengas abundancia en toda buena obra. No puede estar más claro. Detrás de esta promesa está el que la garantiza, DIOS mismo.

x) Finalmente, Pablo tomaba medidas para no permitir ninguna oportunidad para que alguien lo culpara sobre la administración de ese regalo. Era completamente transparente en cuanto el regalo y su uso.

 

Anastasios Kioulachoglou


Notas al pie

1. Ver artículo: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová

 




 

El diezmo, el dar y el Nuevo Testamento (PDF) Edición en PDF


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