| Verdades Bíblicas |
El temor del SeñorMe gustaría empezar este artículo de una manera diferente que la acostumbrada y antes que nada daré algunas de los muchísimas Escrituras que se refieren al temor el Señor y las promesas de Dios que están conectadas a ello. Por favor, lean con atención:
Salmos 34:9
Salmos 34:7
Salmos 112 1-2
Salmos 25:12
Salmos 25:14
Salmos 31:19
Salmos 33:18
Salmos 85:9
Salmos 103:11
Salmos 103:13
Salmos 103:17
Salmos 111:4-5
Salmo 115:13
Salmos 128: 1-4
Salmos 145:19
Proverbios 10:27
Proverbios 14:26
Proverbios 14:27
Proverbios 15:33
Proverbios 16:6
Proverbios 19:23
Proverbios 22:4
Proverbios 23:17
Eclesiastés 8:12-13
Eclesiastés 12:13
Me parece que es obvio de todo lo anterior que aquí estamos tratando con un tema muy importante. ¿Qué tiene el temor del Señor que todos los que lo tengan son sujetos de tantas promesas como las que leímos? ¿Qué significa “temor del Señor? ¿Significa tener miedo o terror en la idea que tenemos de Dios? ¿Podría ser que este tema del “temor del Señor” ya no es válido hoy en día ya que ahora somos hijos de Dios? Además, ¿a caso 1 de Juan no nos dice que en el amor no hay temor? ¿Podrá ser entonces que este “temor del Señor” es algo solamente del Antiguo Testamento? El propósito de este artículo es aclarar esas preguntas.
1. El temor del Señor: no es solo simple respeto pero tampoco terrorDependiendo del historial de alguien, están aquellos que entienden el temor del Señor como un tipo de terror, tener miedo de Dios. Otros lo entienden como un simple respeto, como por ejemplo el respeto que les dan a sus colegas o… no lo entienden para nada porque lo consideran irrelevante para la presente era de la gracia. No creo que alguna de estas opiniones sea correcta. Empezando con el simple respeto: el respeto que pueda existir entre iguales no es el mismo que con el Altísimo. En un reino, un súbdito no respeta al rey del mismo modo que respeta a sus compañeros. Incluso si tiene toda la confianza ante el trono, como nosotros, a través de la sangre de Cristo tenemos ante el trono de Dios, incluso si es un hijo del Rey, como nosotros lo somos a través de la fe, sigue siendo un súbdito ante el Rey. Y como a todo Rey, ni que decir del Rey de Reyes, se le debe profundo respeto. En otras palabras, el hecho que seamos hijos del Rey no anula el temor, el profundo respeto que se le debe al Rey, al Altísimo, ni lo convierte en un simple respeto, como el respeto entre iguales. Por otro lado, el hijo de un rey de ninguna manera se acercaría al rey de la misma manera en que un extraño se le acercaría. Un hijo no se le acercaría al rey con terror sino con confianza, sabiendo que con quien está hablando es su amoroso Padre. Al mismo tiempo y como ya dijimos antes, el hijo también se le acercaría con profundo respeto reconociendo que no se le está acercando a un colega sino a su Padre, quien a su vez es el Altísimo, el Señor de Señores y Rey de Reyes. En otras palabras, el hecho de que seamos hijos del Rey también significa que el temor del Señor no se debería de entender como un terror, como tener miedo, del Rey. Más bien, se debería de entender como un muy profundo y el más alto respeto que es debido de hijos al más amoroso Padre, quien a su vez es el Creador de todo, el Altísimo. Habiendo aclarado lo anterior, vamos a ver algunos pasajes que demuestran la majestad de Dios y que están asociados con el Temor de Dios. Uso estos pasajes como una indicación de la majestad y realeza de Dios y no para decir que los cristianos deberían de tener miedo, terror de Dios. Como ya dijimos, y como veremos más adelante temer de Dios no significa tenerle miedo. Me parece que en nuestra era, donde Jesucristo tendió un puente sobre el espacio vacío que había entre Dios y el hombre, temer de Dios significa acercársele de ambas formas, como Padre (con confianza y sin tenerle miedo) y como al Altísimo (con el más profundo respeto). Volviendo a los pasajes que mencionamos, empecemos con Jeremías 10:6-7:
Jeremías 10:6-7
Apocalipsis 15:4
y Jeremías 5:22-24
Salmos 33:6-9
DIOS NOS HIZO Y A TODO EL UNIVERSO, TODO, LO VISIBLE O INVISIBLE, FUE HECHO POR SU PROPIA MANO. Él es nuestro Padre y nuestro Señor. Es el Altísimo. El conocimiento de las Escrituras sin temor, profundo respeto de la majestad de Dios es solo conocimiento intelectual el cual seguramente producirá orgullo (1 Corintios 8:1). Como Proverbios nos dice:
Proverbios 2:1-5
Solo si la Palabra de Dios está almacenada en nosotros, solo si se convierte en parte de nuestro corazón entenderemos el temor del Señor. Si por lo cual no tenemos profundo respeto por el Altísimo, entonces cualquier conocimiento de la Escritura que podamos tener es solo conocimiento intelectual, el cual, a menos que lo almacenemos en nuestro corazón en vez de la cabeza, no dará fruto y eventualmente conllevará a orgullo.
2. Confianza y el temor del Señor en el Nuevo TestamentoUna opinión que algunos, implícita o explícitamente, sostienen sobre el temor del Señor es que de algún modo ha cesado con la obra del Señor Jesucristo. Pero no creo que eso sea correcto. Aquí les presento algunos pasajes del Nuevo Testamento que hablan sobre el temor de Dios:
Hechos 9:31
1 de Pedro 2:17
2 Corintios 7:1
Colosenses 3:22
Cornelio, el primer gentil a quien se le predicó el evangelio, era un hombre temeroso de Dios. Como en Hechos 10:1-2 dice:
Hechos 10:1-2
y como Pedro dijo en Hechos 10:34-35 o:
Como vemos, el temor del Señor está también presente en el Nuevo Testamento. Al mismo tiempo pienso - y ya lo he mencionado- que hay una vasta diferencia entre en Antiguo y el Nuevo Testamento. Eso se debe al hecho de que ahora está disponible, debido a la obra del Señor Jesucristo, una muy diferente relación con Dios. Esta diferente relación también se debería de tomar en consideración cuando tratamos de entender lo que significa temer a Dios. Usando el ejemplo antes mencionado, hay una vasta diferencia entre ciudadano de un reino que solo están afuera y ciudadanos que son hijos del Rey. Los de fuera y los hijos no se acercan al rey del mismo modo. Los de afuera se acercan al rey tal vez con terror debido a Su majestad y debido a la falta de alguna relación con Él. Pero eso no aplica para los hijos. Los hijos se acercan al Padre con confianza, sin tenerle miedo, como hijos que se acercan a su amoroso Padre. Así es también como la Escritura nos dice que nos acerquemos al trono:
Hebreos 4:14-16
Venimos al trono de la gracia confiadamente. Eso no es por nosotros sino por el Señor Jesucristo, quien puso el puente sobre el barranco que había entre nosotros y Dios e hizo posible a aquellos que creen que Él es el Hijo de Dios que fueran hijo de Dios (1 Juan 5:1). También en 1 de Juan 4:17-19:
1 Juan 4:17-19
Si amamos a Dios no tendremos miedo de Él porque el amor y el odio no van juntos. Al mismo tiempo repito que esto no significa que es correcto acercarse a Dios del mismo modo que acercarse a iguales, con tal vez algún simple respeto y sin darse cuenta de la Altura de Aquel a quien se están acercando. Pero de nuevo, esto no es un terror ni es para que tengamos miedo de Él. Si es terror, entonces no le amamos en verdad como deberíamos, puesto que en el amor no hay temor. Más bien, como dijimos: temer a Dios significa acercase de ambas formas al Padre (con confianza y sin tenerle miedo) y como al Altísimo (con el más profundo respeto).
3. Temer a Dios: hacer Su voluntadAvanzando con lo anterior, de verdad no sé cómo alguien camina en la voluntad de Dios si no tiene temor de Él y cómo alguien teme de Dios si no hace Su voluntad. Temer a Dios significa hacer Su voluntad. Significa dar el paso de fe en lo que Dios nos ha dicho, incluso si no entendemos cómo va a funcionar todo y no hemos visto toda la imagen. Aquellos que temen del Señor querrán hacer Su voluntad. Cualquier cosa que el Padre diga tiene para ellos el significado más grande, y no es negociable puesto que vino de la boca del Padre. El temor del Señor, el profundo respeto por Él y Su voluntad así como la obediencia y Su voluntad van de la mano. Porque imagínate hijos desobedientes. ¿Te parecería que respetan a su padre? Tal vez se acercan a su padre para obtener cosas, pero no lo aman en verdad o respetan. Si lo amaran atesorarían Su voluntad en sus corazones y la harían. Desafortunadamente hay algunos cristianos que son así: van a Dios solamente cuando están en gran necesidad y el resto del tiempo viven como el mundo. Obviamente eso tiene que cambiar. En vez de acercarse a Dios de esa manera deberíamos profundizar nuestra relación, buscando primeramente Su reino y Su justicia y todo lo demás nos será añadido (Mateo 6:33). Como Filipenses 2:5-11 dice sobre nuestro ejemplo: el Señor Jesucristo:
Filipenses 2:5-11
Dejemos que la misma mente este en nosotros, dice la Escritura, la que estaba en el Señor Jesucristo. ¿Cuál era esa mente? Era la mente de obediencia, incluso hasta la muerte. Era la mente de “no mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Lo que quiero decir con lo anterior es que no podemos decir que tememos al Señor si no hacemos Su voluntad. De hecho es lo mismo, como el amar al Señor. Como dijo:
Juan 14:23-24
No podemos decir que amamos al Señor si no hacemos lo que Él dice. De igual modo, creo que no podemos decir que tememos al Señor si no hacemos lo que sabemos que es Su voluntad. Para concluir esta sección, el temor del Señor significa también obediencia al Señor. Significa atesorar al Señor y Su voluntad no importa qué. Significa en una frase: estimar grandemente a Dios y Su voluntad.
4. ConclusiónEmpezamos este artículo demostrando la fuente de bendición que es el temor del Señor. Es difícil encontrar otro tema en la Escritura que contenga tantas promesas: larga vida, prosperidad, liberación y muchas otras más que acompañan a aquellos que le temen. Entonces tratamos de definir el temor del Señor poniendo en claro que no es un simple respeto, como el respetar a iguales, ni significa tener miedo de Dios o terror de Él. Más bien, temer del Señor es tener el profundo respeto que es debido al Padre, a DIOS, al SEÑOR, al CREADOR DE TODO. Finalmente, aclaramos que no hay temor de Dios sin hacer Su voluntad. En otras palabras, cualquiera que tema a Dios también hace Su voluntad y cualquiera que no le tema, sino que quiera satisfacer su carne, no la hace o la hace cuando quiere, dependiendo de las circunstancias. Cerrando este artículo, vamos a escuchar cuidadosamente esta instrucción de Eclesiastés:
Eclesiastés 12:13-14
Tassos Kioulachoglou Español: Aleida López de Steinmetz
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