Fruto: De lo que se trata la vida cristiana



¿De qué trata la vida cristiana? Se trata de conocer a Dios y a Su hijo Jesucristo y dar fruto. En el evangelio de Juan, Jesús dijo:

 

Juan 15:16
“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.”

 

También Pablo dijo en Romanos 7:4
“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.”

 

En la parábola del sembrador Jesús habla de los cuatro diferentes tipos de personas que escuchan la Palabra de Dios. El segundo y tercero eran aquellos que fueron infructuosos, mientras que en el último, el loable, es el que “oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno” (Mateo 13:23).

Por lo cual, lo que Dios planeó para los cristianos no era solamente creer y sin cambio alguno. El ser solamente un tipo de árbol o dar el mismo tipo de fruto que daban antes. El hecho de que no demos fruto le importa a Dios. Déjame repetir esto: Dios no tiene la intención de que solo vayas por la vida. Dio te hizo una criatura única, te dio dones, sí, a ti, únicamente, y te comisionó para que hicieras una cosa: para que fueras y llevaras fruto. Pronto veremos cómo se hace, pero ten en mente que Dios ha dado dones a cada uno de sus hijos, desde el más joven hasta el más viejo, del más podre al más rico, desde el analfabeta hasta el más educado, Él les ha dado dones únicos y desea que llevemos mucho fruto. Veamos de nuevo lo que el Señor dijo en Juan 15:

 

Juan 15:8
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto

 

Juan 15:1-2
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador... y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

 

El Padre se regocija cuando sus hijos producen fruto. Observa que tiene cuidado especial al podar, limpiar a todos aquellos que llevan fruto para que ¡lleven más! El Padre no quiere más ramas en la vid... quiere ramas fructíferas, no, ramas ABUNDANTEMENTE fructíferas, ramas que den fruto a su máximo potencial. Hoy, muchos cristianos se hacen a un lado esperando que alguien más “se encargue del show” en lugar de ellos. Un “profesional”, porque ellos no son.... “profesionales”, pero Pedro y los otros – la mayoría de ellos pescadores – del primer siglo no eran profesionales en ese sentido. ¡No se graduaron de ningún seminario y ni siquiera lo necesitaban! ¡El único título que tenían era el de pescadores! Hay algunos por ahí que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, son una contradicción de sí mismos. Y con esto no quiero decir que cristianos apasionados con celo de Dios y su Palabra no cometen errores, ¡claro que sí!. Pero cristianos apasionados rechazan el llamado masivo, que dice: “sigue la corriente... es suficiente con ir el domingo al templo, sentarse en la banca, cantar y escuchar el sermón, luego regresar a casa y olvidarse de todo hasta el próximo domingo”. Los cristianos apasionados no se arriesgan. No se conforman con menos. Buscan a Dios y quieren crecer en Él, quieren acercase más y más a Él y a Su Hijo, quieren que Cristo se manifieste en sus vidas tanto como sea posible. Los cristianos apasionados tienen, valga la redundancia, pasión por el fruto y visión por Cristo, y la novedad es que Dios quiere que seas como ellos, quiere que seas un CRISTIANO APASIONADO o por decirlo de otra forma un cristiano con pasión por Dios. Un cristiano caliente, no uno tibio (Apocalipsis 3:15), que seas una rama fructífera que florece y da fruto a su máxima potencia. De eso se trata la vida cristiana.

 

Fruto: ¿Qué es?

Para ponerlo fácil yo diría que fruto es una vida cambiada, centrada en Cristo, una vida a la que hemos muerto a nosotros mismos para que Cristo viva a través de nosotros (Gálatas 2:19-20). Una vida que busca complacer a Dios y no a uno mismo o a la gente; una vida cuyo tema central y prioridad es Dios. Veamos lo que dice la Escritura:

 

Gálatas 5:22-25
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”

 

Lo que quiere decir con espíritu es el nuevo hombre, Cristo en nosotros. Vivir de acuerdo al nuevo hombre produce el fruto mencionado en los versículos anteriores, el carácter del nuevo hombre es el que Cristo tiene. Leamos Efesios 2:10:

 

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

 

Dios ya ha preparado de antemano las buenas obras en las cuales debemos andar. A cada uno de nosotros nos ha dado dones únicos, como un árbol plantado y destinado a dar fruto. El objetivo de esto es complacer al Padre y llevar fruto. Como 1 de Pedro 4:7:11 dice:

 

“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros fervientemente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros , como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

 

En este pasaje da instrucciones de “como ser” en varias cosas. Velad en oración, tener ferviente amor los unos a los otros, ser hospitalarios sin murmurar. Observa también que cada uno de nosotros a recibido un don de Dios. Dios a dado dones únicos a cada uno de Sus hijos. Como cada una de las partes del cuerpo es única y puesta en su lugar con una función, así también cada uno de nosotros: hemos sido puestos por Dios en el cuerpo de Cristo, la iglesia, y hemos recibido cada uno dones únicos para funcionar ahí (1 de Corintios 12:12-27). Y lo que Pedro nos dice aquí es simplemente una cosa: ¡FUNCIONA! Dios no ha dado dones a ciertos individuos solamente; no ha dado dones solo a tu pastor o sacerdote. Este pasaje no se refiere a un grupo específico de personas dentro de la comunidad cristiana. Por el contrario, se refiere a todos los cristianos, ¡incluyéndote a ti! Observa que también dice que se ministren los unos a los otros. Yo te ministro a ti, tu me ministras a mí. Hoy usamos la palabra “ministrar” para describir a alguien con un rol más que nada administrativo. Así al pastor o el sacerdote de la comunidad de creyentes local se le llama “ministro”. Es el único que se supone que puede ministrar, mientras que todos los otros que no son pastores ni sacerdotes y que no toman parte en la administración de la comunidad son los que reciben la ministración, pero ¿nunca pueden ministrar? Ésta es la idea que implícita o explícitamente reside en la mente de muchos. Bueno, pues la noticia es que esta idea no es originada por Dios ¡ni es fundamentada en las Escrituras! La idea que la Escritura promueve es la siguiente: cada uno de nosotros ha sido dotado por Dios de manera única y de la misma forma ha sido puesto en el cuerpo de Cristo. En las Escrituras no existen tales cosas como clero o laicado. Como dicen las Escrituras, todos nosotros somos sacerdotes de Dios. Veamos cómo lo pone Pedro tan maravillosamente:

 

1 Pedro 2:9
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;”

 

y 1 Pedro 2:5
“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

 

Se espera que cada uno de nosotros funcione en su don, ministrando unos a los otros. Lo que 1 de Pedro 4:7-11 nos dice es que te debes de ocupar en los dones que Dios te dio. Enfócate en tu don y ejercítalo. No se trata de que si tienes un “ministerio” o no, porque en realidad ¡sí tienes uno! ¡Eso es un hecho! Y lo que Pedro dice es ocúpate en eso, ocúpate ministrando de acuerdo a tu don.

De nuevo, aunque lo anterior son frutos y puede que parezca que ocuparse haciendo o caminando producirá fruto, esta no es la imagen completa. Ocuparse ejecutando nuestros dones presupone una relación viva con el Señor Jesucristo. Como en Filipenses 1:9-11 dice:

 

Filipenses 1:9-11
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”

 

Los frutos de justicia “son por medio de Jesucristo” no por nuestras fuerzas. Además, su resultado es la gloria y alabanza de Dios. Como Jesús explica en Juan 15, Él es la vid y nosotros los pámpanos:

 

Juan 15:4-5,8
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

 

Producir fruto, presupone que somos permanentes en la Vid. Y nosotros no somos la Vid. ¡Es Cristo! Nosotros somos los pámpanos, es imposible para un pámpano producir fruto si no permanece en la Vid. Del mismo modo con nosotros, es nuestra unión con Cristo la que puede hacernos, los pámpanos, producir fruto. En este caso, los pámpanos no son nada más que la forma en que la Vid produce fruto. Ministrar y ejercer las buenas obras que Dios preparó para nosotros presupone, por lo tanto, una relación apasionada con el Señor Jesucristo, a quien queremos complacer. El enfoque no es precisamente en las obras mismas sino en Cristo, y a través de nuestra unión con Él, como permanecemos en Él, “por medio de Jesucristo” como la epístola de Filipenses dice, el fruto se hace evidente.

Avanzando un poco más en esto, Cristo habló de falsos profetas y dijo que los reconoceremos por sus frutos.

 

Mateo 7:15-20
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”

 

La Palabra habla sobre los falsos profetas (Mateo 7:5), falsos Cristos (Mateo 24:24), falsos apóstoles (2 Corintios 11:13), falsos hermanos (Gálatas 2:4, 2 Corintios 11:20), falsos maestros (2 Pedro 2:1), obreros fraudulentos (2 Corintios 11:13). Hay algo para identificar a este tipo de personas, me refiero al ¡fruto!, y el fruto bueno solo puede venir a través de “Jesucristo”. Cualquier otro árbol, aunque pueda ser que hable de Dios, incluso de Cristo, puede producir fruto falso.

De esta manera, mi querido hermano o hermana, me gustaría animarte a buscar a Dios con todo tu corazón; a que apasionadamente busques crecer en tu relación con nuestro Dios vivo para luego ocuparte en lo que sea que Él haya preparado para ti. El fruto del espíritu se llama asi porque el árbol es el Espíritu Santo, la nueva criatura, Cristo en nosotros. Permanece en Cristo, porque el que permanece en Cristo y Cristo en él solo puede producir una cosa: ¡mucho fruto!

 

Fruto: Podar

No sé mucho de jardinería, pero sé desde que estaba en la escuela que para que una planta pueda producir fruto necesita ser podada de vez en cuando. Como quiera ésta no es una definición completa. Buscando en internet encontré la siguiente definición en wikipedia:

 

Podar es el proceso de recortar un árbol o arbusto. Hecho con cuidado y correctamente, la poda puede incrementar el rendimiento del fruto; así, es una práctica agrícola común. En producción forestal se emplea para obtener fustes más rectos y con menos ramificaciones, por tanto de mayor calidad. En arbolado urbano su utilidad es, por un lado, prevenir el riesgo de caída de ramas, y por otro controlar el tamaño de árboles cuya ubicación no permite su desarrollo completo.”

 

Toda planta necesita ser podada. Toda planta necesita del agricultor que la podará y dirigirá su crecimiento a la forma deseada, el cual cuidará de su salud y removerá las partes dañadas y la limpiará para que así produzca más fruto. Lo mismo es una verdad para nosotros como ramas de la Vid que es el Señor Jesucristo. Nosotros también necesitamos ser podados y ¿qué crees? ¡Nosotros también tenemos un agricultor que se encarga de ello! De nuevo Juan 15 dice:

 

Juan 15:1-2
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

 

El Padre es quien se encarga de podar. Recuerda que es necesario podar, ¡se tiene que hacer! ¡Sin este importante proceso no podemos crecer! Y afortunadamente contamos con alguien que cuida de ello: nuestro Padre. El vigila como buen y cuidadoso agricultor e interviene dirigiendo nuestro crecimiento removiendo obstáculos y limpiándonos ¡para que podamos producir más fruto! ¿¡No te parece maravilloso!? Producir fruto es el resultado de permanecer en Cristo; producir al máximo es una tarea de la cual el Padre se encarga al podarnos. Es nuestro deber permanecer en la Vid y es tarea del Padre encargarse de cualquier poda que sea necesaria para incrementar nuestra productividad.

Creo que Hebreos 12:11 nos dice lo mismo pero con diferentes palabras, veámoslo a continuación:

 

Hebreos 12:11
“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

 

Aquí el autor habla sobre disciplina y como él dice, ninguna disciplina parece ser causa de gozo al presente. Por el contrario, ¡es dolorosa! Me parece que lo mismo sucede al podar. Cuando el agricultor poda pues tiene que cortar pedazos de la planta, tiene que remover partes enfermas o dañadas , partes que le quitan vida y ni siquiera son útiles para ella. Podar significa que algo tiene que ser cortado. Algo que era normal deja de serlo; el agricultor ha interferido y lo corta. La disciplina es lo mismo, ¿o no? Nosotros disciplinamos a nuestros hijos y podamos nuestras plantas, ambas cosas se hacen con el mismo objetivo: hacer que los hijos sean mejores, hacer que las plantas sean más fructíferas. Y cuando Dios disciplina a sus hijos puede que en el momento sea doloroso, pero para todos aquellos que aprenden la lección el resultado de este proceso lleva a producir FRUTO, fruto apacible de justicia como dice en Hebreos. Después de todo, ésto es algo que el Padre debe hacer, porque ésta es la tarea que todo Padre que ama a a sus hijo tiene que llevar a cabo, y Él nos ama profundamente. Por lo cual, la lección es la siguiente.- así como las plantas tienen a los agricultores para que las poden y así produzcan más fruto, del mismo modo, nosotros tenemos a nuestro amado Padre Celestial quien se encarga de los asuntos de podar, para que al permanecer en Cristo llevemos más fruto.

 

Fruto: Prioridades y vida infructuosa

Producir mucho fruto trae, como vimos, toda la gloria a Dios. Para lo cual necesitamos, como ya hemos visto en las Escrituras, permanecer en la Vid, esto es, permanecer en el Señor Jesucristo. El anhelar apasionadamente una relación más intima con Él, así como satisfacerlo y complacerlo. Si éste es el propósito, el esfuerzo de nuestra vida, entonces mucho más fruto saldrá de ello. Pero es obvio que esto implica que Dios y su agenda tienen que tener prioridad número uno en nuestras vidas, o por ponerlo de otra manera: si hay algo que pone en riesgo nuestra “producción de fruto” sería el peligro de distraerse de la Vid (Cristo) a otras cosas. Como Jesús dijo en Mateo 6:24-34:

 

Mateo 6:24-34
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

 

Los gentiles, los incrédulos, son los que se preocupan por qué comer, beber o vestir; pero esto no tiene porqué pasarnos a nosotros; para nosotros, lo primero, la prioridad número uno, lo que debemos poner primero, es el reino de Dios y su justicia.

Hoy más que nunca, hay cientos de cosas que suplican nuestra atención y compiten por nuestro tiempo, Ahora más que nunca se nos ofrecen cientos de opciones. No ha habido una era en la que un individuo ha tenido tantas opciones. Al prender el televisor se puede escoger entre cientos de canales o al ir a una tienda de videos las opciones a seleccionar también son muy vastas; se puede pasar el tiempo navegando en internet escogiendo entre miles de páginas. No ha habido una era donde un individuo haya tenido tantas opciones en tantas tentativas, las cuales podría fácilmente seguir, pero tan bueno como esto sea todas estas tentativas luchan por nuestro tiempo; luchan por un lugar en nuestra lista de prioridades, luchan por un lugar en nosotros. Me encanta ver películas, pero cuando veo muchas, el tiempo se me va, y me arrepiento porque luego termino no teniendo suficiente tiempo con Dios y sin tiempo suficiente para hacer las cosas que me ha llamado a que realice. Me encanta navegar por internet de página en página viendo cosas que me gustan, pero la cosa es que si le dedico a eso mucho tiempo luego mi tiempo con Dios acaba en nada. Tengo que mantenerme a raya, porque mi esfuerzo, mi único esfuerzo real y valioso es servir únicamente a Dios. Ahora, en esta era de múltiples opciones, más que nunca, tenemos que tener muy presente nuestra prioridad número uno, el propósito de para qué estamos en esta vida. Y esto no es nada más que producir mucho fruto para la gloria del Padre. No es otra cosa más que conocer a Dios y tener comunión con la Vid, Cristo, y a través de Él producir fruto para la gloria del Padre. Y éste objetivo no ha cambiado, es lo mismo ahora que hace 2000 años.

Quiero agregar algo más antes de concluir: Jesús dijo en la parábola del sembrador, sobre la tercer categoría, que es la que escucha la Palabra de Dios:

 

Marcos 4:3-4, 7
“Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar … Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.”

 

y la explicación: Marcos 4: 14, 18-19
“El sembrador es el que siembra la palabra …. Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

 

La Palabra fue sembrada pero se hizo esteril, infructuosa. ¿Porqué? Porque otras cosas entraron y acabaron con ella. ¿Qué cosas? Los afanes, el engaño de las riquezas y lo que en general es llamado como los deseos por otras cosas. Todo esto no es más que distracciones que roban el fruto y en este caso lo roban completamente. Al final del día tenemos que decidir a quién vamos a servir, qué queremos hacer con nuestras vidas. ¿Queremos pasarnos la vida en distracciones infructuosas, en lo que el mundo “los gentiles”, buscan? O ¿queremos que nuestras vidas produzcan fruto, mucho fruto para la gloria de Dios? ¿Qué escoges? Yo he escogido la segunda.

 

Tassos Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz

 

Apéndice

Más pasajes sobre fruto: además de los pasajes anteriores, aquí hay más que hablan sobre el mismo tema.

 

Colosenses 1:3-6, 9-10
“Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad…… Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;

 

Judas 1:11-12
“!Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;”

 

2 Pedro 1:5-8
“vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

 

Santiago 3:17-18
“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

 

Tito 3:13-14
“A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada les falte. Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto.

 

Efesios 5:8-11
“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;

 

Romanos 7:4-5
“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.”

 

Romanos 6:20-22
“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”

 

 




 

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