| Verdades Bíblicas |
Fruto: De lo que se trata la vida cristiana¿De qué trata la vida cristiana? Se trata de conocer a Dios y a Su hijo Jesucristo y dar fruto. En el evangelio de Juan, Jesús dijo:
Juan 15:16
También Pablo dijo en Romanos 7:4
En la parábola del sembrador Jesús habla de los cuatro diferentes tipos de personas que escuchan la Palabra de Dios. El segundo y tercero eran aquellos que fueron infructuosos, mientras que en el último, el loable, es el que “oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno” (Mateo 13:23). Por lo cual, lo que Dios planeó para los cristianos no era solamente creer y sin cambio alguno. El ser solamente un tipo de árbol o dar el mismo tipo de fruto que daban antes. El hecho de que no demos fruto le importa a Dios. Déjame repetir esto: Dios no tiene la intención de que solo vayas por la vida. Dio te hizo una criatura única, te dio dones, sí, a ti, únicamente, y te comisionó para que hicieras una cosa: para que fueras y llevaras fruto. Pronto veremos cómo se hace, pero ten en mente que Dios ha dado dones a cada uno de sus hijos, desde el más joven hasta el más viejo, del más podre al más rico, desde el analfabeta hasta el más educado, Él les ha dado dones únicos y desea que llevemos mucho fruto. Veamos de nuevo lo que el Señor dijo en Juan 15:
Juan 15:8
Juan 15:1-2
El Padre se regocija cuando sus hijos producen fruto. Observa que tiene cuidado especial al podar, limpiar a todos aquellos que llevan fruto para que ¡lleven más! El Padre no quiere más ramas en la vid... quiere ramas fructíferas, no, ramas ABUNDANTEMENTE fructíferas, ramas que den fruto a su máximo potencial. Hoy, muchos cristianos se hacen a un lado esperando que alguien más “se encargue del show” en lugar de ellos. Un “profesional”, porque ellos no son.... “profesionales”, pero Pedro y los otros – la mayoría de ellos pescadores – del primer siglo no eran profesionales en ese sentido. ¡No se graduaron de ningún seminario y ni siquiera lo necesitaban! ¡El único título que tenían era el de pescadores! Hay algunos por ahí que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, son una contradicción de sí mismos. Y con esto no quiero decir que cristianos apasionados con celo de Dios y su Palabra no cometen errores, ¡claro que sí!. Pero cristianos apasionados rechazan el llamado masivo, que dice: “sigue la corriente... es suficiente con ir el domingo al templo, sentarse en la banca, cantar y escuchar el sermón, luego regresar a casa y olvidarse de todo hasta el próximo domingo”. Los cristianos apasionados no se arriesgan. No se conforman con menos. Buscan a Dios y quieren crecer en Él, quieren acercase más y más a Él y a Su Hijo, quieren que Cristo se manifieste en sus vidas tanto como sea posible. Los cristianos apasionados tienen, valga la redundancia, pasión por el fruto y visión por Cristo, y la novedad es que Dios quiere que seas como ellos, quiere que seas un CRISTIANO APASIONADO o por decirlo de otra forma un cristiano con pasión por Dios. Un cristiano caliente, no uno tibio (Apocalipsis 3:15), que seas una rama fructífera que florece y da fruto a su máxima potencia. De eso se trata la vida cristiana.
Fruto: ¿Qué es?Para ponerlo fácil yo diría que fruto es una vida cambiada, centrada en Cristo, una vida a la que hemos muerto a nosotros mismos para que Cristo viva a través de nosotros (Gálatas 2:19-20). Una vida que busca complacer a Dios y no a uno mismo o a la gente; una vida cuyo tema central y prioridad es Dios. Veamos lo que dice la Escritura:
Gálatas 5:22-25
Lo que quiere decir con espíritu es el nuevo hombre, Cristo en nosotros. Vivir de acuerdo al nuevo hombre produce el fruto mencionado en los versículos anteriores, el carácter del nuevo hombre es el que Cristo tiene. Leamos Efesios 2:10:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”
Dios ya ha preparado de antemano las buenas obras en las cuales debemos andar. A cada uno de nosotros nos ha dado dones únicos, como un árbol plantado y destinado a dar fruto. El objetivo de esto es complacer al Padre y llevar fruto. Como 1 de Pedro 4:7:11 dice:
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros fervientemente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros , como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
En este pasaje da instrucciones de “como ser” en varias cosas. Velad en oración, tener ferviente amor los unos a los otros, ser hospitalarios sin murmurar. Observa también que cada uno de nosotros a recibido un don de Dios. Dios a dado dones únicos a cada uno de Sus hijos. Como cada una de las partes del cuerpo es única y puesta en su lugar con una función, así también cada uno de nosotros: hemos sido puestos por Dios en el cuerpo de Cristo, la iglesia, y hemos recibido cada uno dones únicos para funcionar ahí (1 de Corintios 12:12-27). Y lo que Pedro nos dice aquí es simplemente una cosa: ¡FUNCIONA! Dios no ha dado dones a ciertos individuos solamente; no ha dado dones solo a tu pastor o sacerdote. Este pasaje no se refiere a un grupo específico de personas dentro de la comunidad cristiana. Por el contrario, se refiere a todos los cristianos, ¡incluyéndote a ti! Observa que también dice que se ministren los unos a los otros. Yo te ministro a ti, tu me ministras a mí. Hoy usamos la palabra “ministrar” para describir a alguien con un rol más que nada administrativo. Así al pastor o el sacerdote de la comunidad de creyentes local se le llama “ministro”. Es el único que se supone que puede ministrar, mientras que todos los otros que no son pastores ni sacerdotes y que no toman parte en la administración de la comunidad son los que reciben la ministración, pero ¿nunca pueden ministrar? Ésta es la idea que implícita o explícitamente reside en la mente de muchos. Bueno, pues la noticia es que esta idea no es originada por Dios ¡ni es fundamentada en las Escrituras! La idea que la Escritura promueve es la siguiente: cada uno de nosotros ha sido dotado por Dios de manera única y de la misma forma ha sido puesto en el cuerpo de Cristo. En las Escrituras no existen tales cosas como clero o laicado. Como dicen las Escrituras, todos nosotros somos sacerdotes de Dios. Veamos cómo lo pone Pedro tan maravillosamente:
1 Pedro 2:9
y 1 Pedro 2:5
Se espera que cada uno de nosotros funcione en su don, ministrando unos a los otros. Lo que 1 de Pedro 4:7-11 nos dice es que te debes de ocupar en los dones que Dios te dio. Enfócate en tu don y ejercítalo. No se trata de que si tienes un “ministerio” o no, porque en realidad ¡sí tienes uno! ¡Eso es un hecho! Y lo que Pedro dice es ocúpate en eso, ocúpate ministrando de acuerdo a tu don. De nuevo, aunque lo anterior son frutos y puede que parezca que ocuparse haciendo o caminando producirá fruto, esta no es la imagen completa. Ocuparse ejecutando nuestros dones presupone una relación viva con el Señor Jesucristo. Como en Filipenses 1:9-11 dice:
Filipenses 1:9-11
Los frutos de justicia “son por medio de Jesucristo” no por nuestras fuerzas. Además, su resultado es la gloria y alabanza de Dios. Como Jesús explica en Juan 15, Él es la vid y nosotros los pámpanos:
Juan 15:4-5,8
Producir fruto, presupone que somos permanentes en la Vid. Y nosotros no somos la Vid. ¡Es Cristo! Nosotros somos los pámpanos, es imposible para un pámpano producir fruto si no permanece en la Vid. Del mismo modo con nosotros, es nuestra unión con Cristo la que puede hacernos, los pámpanos, producir fruto. En este caso, los pámpanos no son nada más que la forma en que la Vid produce fruto. Ministrar y ejercer las buenas obras que Dios preparó para nosotros presupone, por lo tanto, una relación apasionada con el Señor Jesucristo, a quien queremos complacer. El enfoque no es precisamente en las obras mismas sino en Cristo, y a través de nuestra unión con Él, como permanecemos en Él, “por medio de Jesucristo” como la epístola de Filipenses dice, el fruto se hace evidente. Avanzando un poco más en esto, Cristo habló de falsos profetas y dijo que los reconoceremos por sus frutos.
Mateo 7:15-20
La Palabra habla sobre los falsos profetas (Mateo 7:5), falsos Cristos (Mateo 24:24), falsos apóstoles (2 Corintios 11:13), falsos hermanos (Gálatas 2:4, 2 Corintios 11:20), falsos maestros (2 Pedro 2:1), obreros fraudulentos (2 Corintios 11:13). Hay algo para identificar a este tipo de personas, me refiero al ¡fruto!, y el fruto bueno solo puede venir a través de “Jesucristo”. Cualquier otro árbol, aunque pueda ser que hable de Dios, incluso de Cristo, puede producir fruto falso. De esta manera, mi querido hermano o hermana, me gustaría animarte a buscar a Dios con todo tu corazón; a que apasionadamente busques crecer en tu relación con nuestro Dios vivo para luego ocuparte en lo que sea que Él haya preparado para ti. El fruto del espíritu se llama asi porque el árbol es el Espíritu Santo, la nueva criatura, Cristo en nosotros. Permanece en Cristo, porque el que permanece en Cristo y Cristo en él solo puede producir una cosa: ¡mucho fruto!
Fruto: PodarNo sé mucho de jardinería, pero sé desde que estaba en la escuela que para que una planta pueda producir fruto necesita ser podada de vez en cuando. Como quiera ésta no es una definición completa. Buscando en internet encontré la siguiente definición en wikipedia:
“Podar es el proceso de recortar un árbol o arbusto. Hecho con cuidado y correctamente, la poda puede incrementar el rendimiento del fruto; así, es una práctica agrícola común. En producción forestal se emplea para obtener fustes más rectos y con menos ramificaciones, por tanto de mayor calidad. En arbolado urbano su utilidad es, por un lado, prevenir el riesgo de caída de ramas, y por otro controlar el tamaño de árboles cuya ubicación no permite su desarrollo completo.”
Toda planta necesita ser podada. Toda planta necesita del agricultor que la podará y dirigirá su crecimiento a la forma deseada, el cual cuidará de su salud y removerá las partes dañadas y la limpiará para que así produzca más fruto. Lo mismo es una verdad para nosotros como ramas de la Vid que es el Señor Jesucristo. Nosotros también necesitamos ser podados y ¿qué crees? ¡Nosotros también tenemos un agricultor que se encarga de ello! De nuevo Juan 15 dice:
Juan 15:1-2
El Padre es quien se encarga de podar. Recuerda que es necesario podar, ¡se tiene que hacer! ¡Sin este importante proceso no podemos crecer! Y afortunadamente contamos con alguien que cuida de ello: nuestro Padre. El vigila como buen y cuidadoso agricultor e interviene dirigiendo nuestro crecimiento removiendo obstáculos y limpiándonos ¡para que podamos producir más fruto! ¿¡No te parece maravilloso!? Producir fruto es el resultado de permanecer en Cristo; producir al máximo es una tarea de la cual el Padre se encarga al podarnos. Es nuestro deber permanecer en la Vid y es tarea del Padre encargarse de cualquier poda que sea necesaria para incrementar nuestra productividad. Creo que Hebreos 12:11 nos dice lo mismo pero con diferentes palabras, veámoslo a continuación:
Hebreos 12:11
Aquí el autor habla sobre disciplina y como él dice, ninguna disciplina parece ser causa de gozo al presente. Por el contrario, ¡es dolorosa! Me parece que lo mismo sucede al podar. Cuando el agricultor poda pues tiene que cortar pedazos de la planta, tiene que remover partes enfermas o dañadas , partes que le quitan vida y ni siquiera son útiles para ella. Podar significa que algo tiene que ser cortado. Algo que era normal deja de serlo; el agricultor ha interferido y lo corta. La disciplina es lo mismo, ¿o no? Nosotros disciplinamos a nuestros hijos y podamos nuestras plantas, ambas cosas se hacen con el mismo objetivo: hacer que los hijos sean mejores, hacer que las plantas sean más fructíferas. Y cuando Dios disciplina a sus hijos puede que en el momento sea doloroso, pero para todos aquellos que aprenden la lección el resultado de este proceso lleva a producir FRUTO, fruto apacible de justicia como dice en Hebreos. Después de todo, ésto es algo que el Padre debe hacer, porque ésta es la tarea que todo Padre que ama a a sus hijo tiene que llevar a cabo, y Él nos ama profundamente. Por lo cual, la lección es la siguiente.- así como las plantas tienen a los agricultores para que las poden y así produzcan más fruto, del mismo modo, nosotros tenemos a nuestro amado Padre Celestial quien se encarga de los asuntos de podar, para que al permanecer en Cristo llevemos más fruto.
Fruto: Prioridades y vida infructuosaProducir mucho fruto trae, como vimos, toda la gloria a Dios. Para lo cual necesitamos, como ya hemos visto en las Escrituras, permanecer en la Vid, esto es, permanecer en el Señor Jesucristo. El anhelar apasionadamente una relación más intima con Él, así como satisfacerlo y complacerlo. Si éste es el propósito, el esfuerzo de nuestra vida, entonces mucho más fruto saldrá de ello. Pero es obvio que esto implica que Dios y su agenda tienen que tener prioridad número uno en nuestras vidas, o por ponerlo de otra manera: si hay algo que pone en riesgo nuestra “producción de fruto” sería el peligro de distraerse de la Vid (Cristo) a otras cosas. Como Jesús dijo en Mateo 6:24-34:
Mateo 6:24-34
Los gentiles, los incrédulos, son los que se preocupan por qué comer, beber o vestir; pero esto no tiene porqué pasarnos a nosotros; para nosotros, lo primero, la prioridad número uno, lo que debemos poner primero, es el reino de Dios y su justicia. Hoy más que nunca, hay cientos de cosas que suplican nuestra atención y compiten por nuestro tiempo, Ahora más que nunca se nos ofrecen cientos de opciones. No ha habido una era en la que un individuo ha tenido tantas opciones. Al prender el televisor se puede escoger entre cientos de canales o al ir a una tienda de videos las opciones a seleccionar también son muy vastas; se puede pasar el tiempo navegando en internet escogiendo entre miles de páginas. No ha habido una era donde un individuo haya tenido tantas opciones en tantas tentativas, las cuales podría fácilmente seguir, pero tan bueno como esto sea todas estas tentativas luchan por nuestro tiempo; luchan por un lugar en nuestra lista de prioridades, luchan por un lugar en nosotros. Me encanta ver películas, pero cuando veo muchas, el tiempo se me va, y me arrepiento porque luego termino no teniendo suficiente tiempo con Dios y sin tiempo suficiente para hacer las cosas que me ha llamado a que realice. Me encanta navegar por internet de página en página viendo cosas que me gustan, pero la cosa es que si le dedico a eso mucho tiempo luego mi tiempo con Dios acaba en nada. Tengo que mantenerme a raya, porque mi esfuerzo, mi único esfuerzo real y valioso es servir únicamente a Dios. Ahora, en esta era de múltiples opciones, más que nunca, tenemos que tener muy presente nuestra prioridad número uno, el propósito de para qué estamos en esta vida. Y esto no es nada más que producir mucho fruto para la gloria del Padre. No es otra cosa más que conocer a Dios y tener comunión con la Vid, Cristo, y a través de Él producir fruto para la gloria del Padre. Y éste objetivo no ha cambiado, es lo mismo ahora que hace 2000 años. Quiero agregar algo más antes de concluir: Jesús dijo en la parábola del sembrador, sobre la tercer categoría, que es la que escucha la Palabra de Dios:
Marcos 4:3-4, 7
y la explicación: Marcos 4: 14, 18-19
La Palabra fue sembrada pero se hizo esteril, infructuosa. ¿Porqué? Porque otras cosas entraron y acabaron con ella. ¿Qué cosas? Los afanes, el engaño de las riquezas y lo que en general es llamado como los deseos por otras cosas. Todo esto no es más que distracciones que roban el fruto y en este caso lo roban completamente. Al final del día tenemos que decidir a quién vamos a servir, qué queremos hacer con nuestras vidas. ¿Queremos pasarnos la vida en distracciones infructuosas, en lo que el mundo “los gentiles”, buscan? O ¿queremos que nuestras vidas produzcan fruto, mucho fruto para la gloria de Dios? ¿Qué escoges? Yo he escogido la segunda.
Tassos Kioulachoglou Español: Aleida López de Steinmetz
Apéndice Más pasajes sobre fruto: además de los pasajes anteriores, aquí hay más que hablan sobre el mismo tema.
Colosenses 1:3-6, 9-10
Judas 1:11-12
2 Pedro 1:5-8
Santiago 3:17-18
Tito 3:13-14
Efesios 5:8-11
Romanos 7:4-5
Romanos 6:20-22
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