Verdades Bíblicas
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“Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Fil. 2:7) (PDF) Edición en PDF

“Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Fil. 2:7)

En Marcos 15:29-31 leemos:

Marcos 15: 29:21
“Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.”

“Sálvate A TI MISMO” Qué extraño era para esos hombres que, Él, que había salvado a muchos, ahora estaba en la cruz, sin tener cuidado de sí mismo. A aquel que se sirve así mismo, le parece muy extraño ver a alguien que se niega a hacer lo mismo. Él, que podía tener doce legiones de ángeles (1 legión = 6,826 hombres), se negó a sí Mismo, y se volvió obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, llamándonos a tener también la misma mente que Él:

Filipenses 2:5-8
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Lucas 9:23:24
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.”

Jesucristo se negó a sí mismo. Perdió su vida, pero no para siempre. Después de tres días y tres noches, Dios lo levantó de los muertos. Como Filipenses dice:

Filipenses 2:9-11
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”

El camino que Jesucristo señaló como angosto (Mateo 7:14), es un camino que alguien anda sin guardar su vida sino perdiéndola. Sin embargo, también está el camino de la resurrección. Puede ser que la crucifixión del viejo hombre, el yo mismo, traiga dolor, pero a la crucifixión siempre le sigue la resurrección. No queremos tener al viejo hombre viviendo en nuestros corazones, sino al nuevo, EL CRISTO RESUCITADO. Él es nuestro ejemplo VIVO y aquél en el cual debemos poner nuestros ojos:

Hebreos 12:1-2
“y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960