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¡Servimos a un Salvador resucitado! (PDF) Edición en PDF

¡Servimos a un Salvador resucitado!

Ya eran casi tres días y tres noches después de la crucifixión. El cuerpo de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías, había sido puesto en la tumba fuera de Jerusalén, cerca del lugar donde había sido crucificado. Lo habían ungido con muchos perfumes y lo habían vestido con bonitos mantos. ¿Pero, cuál hubiera sido el beneficio de todo eso? Un cuerpo muerto es un cuerpo muerto, independientemente de la ropa con la que se le haya vestido o los perfumes a aromas con los que se le haya ungido. El cuerpo de Lázaro estaba muerto y hedía. ¿Qué quedaría de él? Si el Señor no lo hubiera resucitado de la muerte hubiera sido solo un montón de huesos. ¡Pero no ese cuerpo! No el cuerpo de Jesús. SU CUERPO FUE EL ÚNICO QUE NO VIO CORRUPCION. JESÚS FUE EL ÚNICO QUE MURIÓ PERO QUE RESUCITÓ. Primicias de los que durmieron (1 de Corintios 15:20) Les había dicho a los discípulos que moriría y resucitaría de nuevo al tercer día pero no le entendieron. Le habían puesto ropa bonita pero de sepulcro y lo habían ungido con ricos perfumes, como se le hubiera hecho a un muerto honorable. No se esperaban lo que pasó tres días y tres noches después de la crucifixión. Tal vez nadie se lo esperaba: ¡HABÍA RESUCITADO! ¡Dios levantó a Jesucristo de entre los muertos! Mateo nos da un resumen de las cosas maravillosas que pasaron ese día:

Mateo 28:1-10, 16-20
“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán…. Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Aquellos que habían guardado el muerto, se murieron y aquel que estaba muerto ¡volvió a la vida! ¡La cabeza del cristianismo está vivo! Como la Palabra de Dios dice en 2 de Corintios 13:4:

2 de Corintios 13:4
“Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios.”

Y como Pablo les dijo a los judíos en Hechos 13:26-39

Hechos 13:26-39
“Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Más Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.”

¡Dios levantó a Jesús de entre los muertos! Como también dice en Romanos, “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4), ¡el unigénito Hijo de Dios! ¡Hermanos, qué maravillosa realidad! En esta era de maldad, el humanismo y Satanás su dios, han elevado la buena moralidad desechando el nombre de nuestro maravilloso Señor. Pero no servimos a un maestro de buenas moralidades. ¡Servimos al resucitado Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, Rey de reyes y Señor de Señores!

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960