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Lo primero y lo más importante

Mateo 6:33
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

Después de su caída y desposesión del Jardín del Edén, el hombre, con el sentimiento de auto conservación incrementado, persiguió el labrar la tierra la cuál ahora estaba bajo maldición de Dios (Génesis 3:17-19 y 23-24). En aquellos primeros años, todos sus pensamientos y hechos eran sobre su supervivencia en una tierra ahora hostil. Hasta el día de hoy, los hombres, a pesar del progreso y el desarrollo de la cultura, se siguen moviendo en la misma dirección. Para todos, lo primero y más importante parece ser la conservación de la vida y su adorno con la gloria y las riquezas de este mundo.

Sin embargo, el apóstol Pablo dirigiéndose a aquellos que fueron llamados a salir del espíritu de este mundo a hacer la voluntad de Dios, escribió:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2)

Cuando el apóstol escribió esas cosas, ciertamente tenía en mente la gran y difícil obra que los genuinos seguidores de Cristo tendrían que lograr; una obra desinteresada basada en una voluntad completamente sometida a la voluntad de Dios. El Señor promete que si esto se hace, el premio de aquel que siembra en el espíritu será mucho más grande que el premio de aquel que siembra en la carne y la cual por supuesto es la muerte.

Un requerimiento básico

En Marcos 14 encontramos el registro de Jesús hablando con un joven hombre rico, quien estaba interesado en heredar la vida eterna. Después de que discutieron sobre la ley Mosaica, y se hizo evidente la respuesta positiva del joven, el Señor le dijo de algo adicional que era requerido para la vida eterna. Marcos 10:21 dice:

“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” (Marcos 10:21)

De esta manera, nuestro Señor presentó el principio de una devoción perfecta y sin reservas, como un requerimiento básico para obtener el premio de vida que este joven estaba buscando. Viendo el gran obstáculo que estaba escondido en sus circunstancias, El Señor le pidió que repartiera sus propiedades terrenales, que abandonara la forma de vida a la cual estaba acostumbrado, que tomara su cruz y le siguiera. En otras palabras, le enseñó que dedicara su vida al servicio del Señor, a la verdad y los hermanos y de hecho a hacerlo sin presión, de voluntad propia y con alegría.

En realidad, eso es lo que Él requiere de aquellos que siguen sus pasos, durante este tiempo de llamado y selección de Su iglesia: para poner todo en el gran altar de Dios. Aunque es justificable que un creyente también esté ocupado cubriendo las necesidades de la vida presente, sin embargo es necesario que su corazón y disposición estén coordinados de tal manera que lo primero y más importante en su corazón sea el Señor y su obra.

La falla de muchos

El Señor también habló sobre los obstáculos que causa a muchos caer poniéndose a sí mismos completamente a su servicio. Como Él dice:

“Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de Sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Marcos 10:23-25)

Los discípulos estaban sorprendidos. Ante tal mente como la que tenían antes de Pentecostés, los términos de disciplina y devoción parecían difíciles y casi inalcanzables. Es por eso que le preguntaron:

“Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.” (Marcos 10:26-27)

Y verdaderamente, el creyente devoto es capaz de llenar los términos de disciplina, no mediante su propio poder y determinación, sino a través del poder de Dios que obra en su corazón y mente a través de Su Espíritu Santo. Pedro, que junto con los otros discípulos, habían dejado sus trabajos, propiedades y casas para seguir al Señor, cuestionaron cuál podría ser el resultado de tal vida con sacrificios. El Señor se apuró a responderle y dijo:

“Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29-30)

“El pensamiento es que el pueblo de Dios al final recibirá un premio incomparable de gloria espiritual y vida por su fidelidad y por guardar lo más importante en la primera y posición principal. Así que “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mateo 6:33)

George Vlantis
(de la revista (Griega) “Light” )