La tristeza del corazón de Dios por el pecado de su pueblo



En los tiempos de Jeremías, el pueblo de Israel estaba en apostasía. Eso duró de hecho por varios años y los escritos de muchos de los profetas son en muchos casos, no por decir la mayoría, plegarias para que el pueblo se volviera y se arrepintiera por advertencias del juicio venidero. Desafortunadamente, el pueblo de Dios no respondió a estas advertencias. Leyendo algunos registros de Jeremías y Oseas nos demostrarán la gran tristeza y aflicción que le causó a Dios. Puede que esto suene sorprendente a nuestros oídos, ya que muchos, implícita o explícitamente, tienen dificultades para asociar a Dios con sentimientos que tenemos en las situaciones que nos pasan. Bien, la Palabra de Dios nos dice que estamos hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26) y también nos demuestra que podemos poner a Dios contento, complacido, molesto o triste. Si pensamos que nuestro comportamiento no tiene efecto en el corazón de Dios sino que solo agrega algunos puntos en nuestra contra o a nuestro favor entonces estamos totalmente equivocados. Podemos poner a Dios feliz o triste. Todo depende de nuestro comportamiento. En el caso de los Israelitas del tiempo de Jeremías y Oseas, podemos ver que habían herido el corazón de Dios seriamente. En Jeremías 8:18-9:3 Dios derrama su corazón revelando el efecto del comportamiento rebelde que su pueblo había provocado:

 

Jeremías 8:18-22, 9:1-3
A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí. He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas? Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos. Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado. ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo? … Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! ¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores. Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová”.

 

Esto no es la tristeza personal de Jeremías. Muchos comentaristas la presentan como tal pero una lectura al pasaje (ver específicamente las frases: “porqué me hicieron” “dice Jehová”) aclararían quien es Dios el que aquí habla. Es Dios el que expresa su corazón y sentimientos aquí. Es Dios al que provocaron Su ira con sus imágenes y el que quería dejarlos y llorar día y noche porque no Le conocían. Dios estaba terriblemente triste por el pecado de su pueblo. Y Dios se pone triste cuando nosotros pecamos. El Nuevo Testamento claramente nos dice “no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” (Efesios 4:30). El espíritu de Dios puede entristecerse. Dios se pone triste cuando lo rechazamos. Cuando voluntariamente nos desviamos de Su camino para andar en otro lado, debido a pasiones personales y ambiciones; cuando en lugar de postrarnos ante Él y decir “que se haga Tú voluntad y no la mía” continuamos descuidadamente y sin temor de Él. El espíritu de Dios no es indiferente sino que se pone triste en tales casos.

 

Oseas

Oseas 11 es otro pasaje donde Dios expresa sus sentimientos en cuanto a la apostasía de su pueblo:

 

Oseas 11
“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir. Caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus propios consejos. Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer. ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad. En pos de Jehová caminarán; él rugirá como león; rugirá, y los hijos vendrán temblando desde el occidente. Como ave acudirán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y los haré habitar en sus casas, dice Jehová. Me rodeó Efraín de mentira, y la casa de Israel de engaño. Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos.”

 

Este pasaje nos enseña otro aspecto que sucede en el corazón de Dios en cuanto a la rebelión de su pueblo. Su furor y su simpatía estaban en conflicto. Cuando la Biblia dice que su pueblo le provocó la ira es bastante real. Dios es un dios de constante sufrimiento y lento para enojarse pero ¡sí se enoja! Es MUY paciente pero sí se puede enojar y la rebelión de Su pueblo es ciertamente la razón principal. En el caso anterior Dios estaba en conflicto con su enojo. Su corazón estaba conmovido dentro de Él.

Mucha gente piensa en Dios como un todo poderoso pero un ser sin movimiento. Esto no es verdad. Tenemos una relación real con Dios y como en cualquier relación podemos ponerlo contento, triste, enojado o bendecirlo etc. y eso debido a nuestro comportamiento. Nuestro Dios no es un paquete de reglas frías las cuales si sigues tendrás éxito. Es un DIOS VIVO que desea una relación viva con cada uno de sus hijos. Dios desea una relación viva contigo y tu puedes poner a Dios, al Creador Todopoderoso, feliz o triste. Puedes agradarle o desagradarle. ¿A caso no es asombroso? ¿No es asombroso que Dios se ha abierto a sí mismo tanto a nosotros los seres humanos, a ti y a mí, como para que lo hiramos? Esto me parece verdaderamente asombroso, nuestra relación es con el Dios vivo y está en nosotros en poner su corazón feliz y no triste. ¡El no hacer que quiera llorar sino sonreír! ¡Impresionante!

 

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 




 

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