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La resurrección del Señor (PDF) Edición en PDF

La resurrección del Señor

Abril es el mes en el que usualmente se conmemora la resurrección del Señor Jesucristo. Por lo cual, nos gustaría dedicar este artículo a dicho evento, principalmente concentrando la atención en el libro de Hechos.

1. Hechos 2:22-36

Para empezar, vamos a Hechos 2. Estamos en el día de Pentecostés, donde el Espíritu Santo se acaba de derramar y se está manifestando en el hablar en lenguas (Hechos 2:1-12). Esa manifestación hizo que la gente se asombrara y maravillara y Pedro les explicó que eso era el cumplimiento de la profecía relativa de Joel (Hechos 2:14-21, Joel 2:28-29). Luego continuó, predicando sobre el Señor Jesucristo. Así que empezando de Hechos 2:22 leemos:

Hechos 2:22-24
“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; AL CUAL DIOS LEVANTÓ, SUELTOS LOS DOLORES DE LA MUERTE, POR CUANTO ERA IMPOSIBLE QUE FUESE RETENIDO POR ELLA.”

Dios levantó a Jesucristo de entre los muertos. Aunque lo habían crucificado, no era posible que la muerte tuviera efectos permanentes en Él. Y Pedro continúa confirmando el hecho de la resurrección con las escrituras del Antiguo Testamento:

Hechos 2:25-28
“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.”

Éste registro viene en el libro de Salmos (Salmo 16:8-11), y es evidente que Pedro lo vincula directamente con la resurrección de Jesucristo. Su alma no fue dejada en el Hades ni vio corrupción. Sin embargo, ¿Cómo podía saber Pedro que este pasaje se refería a la resurrección del Señor? Igualmente, ¿cómo podría saber Pedro qué la profecía de Joel, a la cual nos referimos previamente, se trataba de lo que había sucedido ese día? La respuesta es simple: A TRAVÉS DEL ESPÍRITU SANTO que acababa de recibir y el cuál le dio la capacidad de entender las Escrituras. Pedro no era un teólogo educado. No tenía un doctorado. Solo era un pescador que fue llamado por el Señor para seguirle y quien como en Hechos 14:13 nos dice ¡era analfabeta! Aún así, era alguien que había recibido el poder de lo alto (Lucas 24:49), el don del Espíritu Santo, el Consolador, que lo llevaría a toda verdad como Jesucristo les había prometido (Juan 16:13). Fue este Consolador el que lo capacitó para entender las Escrituras y es solamente a través de este Consolador que un hombre puede entender las cosas espirituales, parte de las cuales también están escritas en la Palabra de Dios (1 Corintios 2:10-13). Continuando en Hechos 2 vamos a leer la explicación que Dios, a través de su Espíritu, le dio a Pedro en cuanto a la profecía de David. Esto viene en los versos 29-36:

Hechos 2:29-36
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

Jesucristo fue resucitado de la muerte. Fue Él quien, ahora vivo, recibió del Padre el don del Espíritu Santo y literalmente lo derramó.

Leyendo más adelante veremos que tres mil personas (Hechos 2:41) se agregaron a la fe aquel día, después del derramamiento del Espíritu Santo y de la predicación inspirada de Pedro que le siguió.

2. Hechos 3

Pronto después de la incidencia anterior, sigue la que leímos en Hechos 3. Pedro y Juan, en camino al templo, vieron a un paralítico al cual sanaron. Esto de nuevo asombró a la gente y los versos 11-15 nos dicen lo que siguió.

Hechos 3:11-15
“Discurso de Pedro en el pórtico de Salomón Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos

Una vez más, Pedro confronta a la gente por lo que habían hecho. Sin embargo, no lo hizo para condenarlos sino para que reconocieran su error y se arrepintieran. Como los versos 19-20 dicen:

Hechos 3:19-20, 25-26
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad."

Dios levantó a Jesucristo de la muerte y lo envió a bendecirnos. Como Efesios 1:3 característicamente nos dice:

Efesios 1:3
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo

Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual EN CRISTO. Verdaderamente en Él nuestro Señor resucitado, tenemos toda bendición espiritual que posiblemente podríamos tener. Como Pablo también dice en cuanto a la resurrección:

Hechos 17:30-31
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos

Dios juzgará al mundo a través de Jesús y la prueba de esto es que ÉL LO LEVANTÓ DE LA MUERTE. Como Romanos 1:1-4:

Romanos 1:1-4
“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos

Jesucristo es el Hijo de Dios. Él es aquel a través de quién Dios juzgará al mundo y la prueba de esto, “la seguridad de todo”, es SU RESURRECCIÓN DE LA MUERTE.

Regresando a Hechos, el capítulo 4 nos da los resultados y la reacción de la predicación de Pedro en cuanto a Cristo y la resurrección.

Hechos 4:1-3
“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.”

Los Saduceos eran aquellos tipos que creían que “no hay resurrección ni ángel ni espíritu” (Hechos 23:8). Obviamente, cuando escucharon sobre la resurrección se ofendieron. Pero como el verso cuatro dice:

Hechos 4:4
“Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.”

No todos creyeron. De hecho algunos se ofendieron. Y aún así MUCHOS, como el texto dice, creyeron y fueron salvos. Pero vamos a continuar para ver lo que le pasó a los apóstoles:

Hechos 4:5-12
“Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

La confianza de los apóstoles es realmente impresionante. No fueron ni profesores ni teólogos muy educados los que hicieron que el cristianismo viviera. Fue solamente un puñado de simples analfabetas, LLENOS DEL ESPÍRITU DE DIOS y comprometidos con la misión que el Señor les había dado, que pusieron los fundamentos de la iglesia del primer siglo. Un puñado de hombres fieles que estaban listos para dar testimonio de su Señor y Su resurrección, a donde quiera que el Señor los llamara, incluso ante sus propios perseguidores.

3. Hechos 5:14-32

El caso anterior de persecución contra la gente que estaba con el Señor no es el único. De hecho, el libro de Hechos está lleno de incidencias similares, una de las cuales viene en Hechos 5. Ahí en los versos 14-21 leemos:

Hechos 5:14-21
“Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados. Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos.”

Lo malo que habían hecho los apóstoles, lo cual les causó la cárcel, fue que a través del poder de Dios sanaban a la gente. No obstante, no estuvieron mucho en la prisión: Dios envió un ángel que no solamente los liberó, sino que también les dijo que continuaran haciendo exactamente lo que ofendió a las autoridades, es decir, predicar “todas las palabras de esta vida”, la Palabra de Dios. Los versos 25 al 32 dicen:

Hechos 5:21-32
“Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo. Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

Dios levantó a Jesucristo de la muerte y lo señaló para ser Príncipe y Salvador. Los testigos no fueron solamente los apóstoles y la Biblia sino también el Espíritu Santo que nuestro resucitado Señor literalmente derramó en el día de Pentecostés. Por lo cual, cada vez que operamos este espíritu testificamos que Jesús está vivo. Como también dijo en Marcos 16:17-20:

Marcos 16:17-20
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”

El Espíritu Santo no es una entidad teorética muerta. Es el Poder de Dios, Cristo en nosotros, que también se MANIFIESTA en las nueve maneras declararas en 1 Corintios 12 y dentro de las cuales las señales anteriores también caen. Por lo tanto, cada vez que operamos estas manifestaciones, verdaderamente testificamos que Jesucristo está vivo, y no solamente eso sino que también está muy muy cerca de nosotros: EN NOSOTROS (Gálatas 4:6, 2 Corintios 13:15, Colosenses 1:27).

4. Hechos 10

Y puesto que hablamos del Espíritu Santo, vamos también a Hechos 10. Ahí encontramos a Cornelio a quién Dios le ordenó que fuera a Jope y que invitara a Pedro a que fuera y hablara la Palabra de Dios. Pedro lo hizo y en los versos 38-46 nos dice lo que les dijo:

Hechos 10:38-46
“cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.”

Hechos 11:14 nos dice que Dios le dijo a Cornelio que mandara por Pedro para que le hablara las palabras que podían salvarlo a él y a toda su casa. ¿Cuáles eran esas palabras? No te imagines un montón de libros arriba de otros. Acabamos de dar la mayor parte de lo que Pedro les dijo. Así que, habló de Jesús, su caminar con Dios, Su resurrección y Su importancia. Esas fueron las palabras que necesitaban oír y creer para ser salvos. Palabras menos de diez versos, que de hecho en Romanos 10:9 se suman todas en uno solo:

Romanos 10:9
“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”

La salvación no es nuestro trabajo. Es el trabajo de Jesucristo nuestro SALVADOR, quién dio su vida por nosotros, para que simplemente confesándolo como Señor y creyendo que Dios lo levantó de los muertos fuéramos salvos. Regresando a Hechos, los versos 44-46 nos dan muy vivamente el resultado que la Palabra de Dios tubo en aquella gente:

Hechos 10:44-46
“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.”

No solamente esa gente creyó, sino que también manifestaron al Espíritu Santo que habían recibido hablando en lenguas, así que magnificando a Dios y poniendo en claro que Cristo, que había derramado el Espíritu Santo, está VIVO, a la mano derecha de Dios y en los corazones de aquellos que creen el Él.

5. Hechos 13:23-39

Finalmente el último pasaje que vamos a considerar del libro de Hechos es Hechos 13. Ahí encontramos a Pablo predicando en Antioquía y hablándoles del evangelio de Jesucristo. Vamos a empezar leyendo su predicación en el verso 23:

Hechos 13:23-39
“De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies. Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Más Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.”

Cristo no apareció solo por un momento. Ni si quiera se apareció por un poquito de tiempo. De lo contrario, se apareció MUCHOS DÍAS, poniendo en claro que está VIVO E INCORRUPTIBLE. Es a través de la resurrección que Dios certificó que Jesús es aquel a través de quien el mundo será juzgado. Es la resurrección la que prueba más allá de cualquier cosa que Jesús es el Hijo de Dios. Es el creer en la resurrección lo que da salvación y es el nombre del resucitado Cristo el nombre más poderoso, el único nombre que ha sido dado por Dios para ser salvos y tener una relación con Él.

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960