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La ciudad sin muros y el yelmo de la salvación (PDF) Edición en PDF

La ciudad sin muros y el yelmo de la salvación

Una plática con un amigo me inspiró a ver un poquito más de cerca los versos que mencionan la ciudad sin muros y el yelmo de la salvación. El tema de la plática era si la ciudad con murallas es como un cristiano usando el yelmo de la salvación. Entonces veremos si es así. Quisiera enseñarte los versos primero y luego verlos individualmente.

Proverbios 25:28
“Como ciudad derribada y sin muro Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda”

Efesios 6:17ª
“Y tomad el yelmo de la salvación”

La ciudad sin muros

El primer verso dice que aquél cuyo espíritu está fuera de control es como una ciudad derribada y sin muros. Sus afectos y pasiones no tienen guardián, sin malla que controle su orgullo y vanidad o contenga su ira, enojo, revancha etc. El deseo tiene su sello en el alma, pero en el espíritu crece en la pasión. Detrás de las pasiones sexuales (gula y borracheras), pasiones intelectuales (ambición) y muchas otra pasiones gobierna un falso ego. En vez de ser derribado, se levanta en una supremacía desatada. Un hombre que no sabe detener sus deseos y afectos está en constante peligro de seguir ciegamente el impulso de su sensualidad desenfrenada y de ser apresurado a explosiones de pasión y de ese modo traer infelicidad a sí mismo y muy probablemente a otros también. No gobierna sobre su propio espíritu y cuando las tentaciones a excederse en el comer o beber esta ante él, no tiene gobierno de sí mismo o cuando se le provoca explota en pasiones exorbitantes, así como la ciudad que ha sido derribada y no tiene muros. Todo lo bueno sale, y lo deja; todo lo malo entra en él. Yace expuesto a todas las tentaciones de Satanás y se convierte en un blanco fácil para el enemigo; también puede traer muchos problemas.

Nehemías 1:3
“Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”.

El buen carácter de un hombre sabio y virtuoso, es decir, de alguien que tiene rienda de su propio espíritu, mantiene el gobierno de sí mismo y de sus propios apetitos y pasiones y no las sufre para revelarse en contra de la razón y la conciencia. Tiene rienda de sus propios pensamientos, sus deseos, sus inclinaciones, sus resentimientos y los mantiene todos en buen orden.

Proverbios 16:32
“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.”

El Yelmo de la salvación

El segundo verso es el que habla del yelmo de la salvación:

Efesios 6:17a
“Y tomad el yelmo de la salvación,”

El concepto de este verso es la armadura de Dios que tenemos puesta.

Efesios 6:11
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

Este verso claramente dice lo que tenemos que hacer con la armadura que Dios nos da – resistir en contra de las asechanzas del diablo, nuestro enemigo. ¿Y qué del yelmo como parte de esta armadura? El siguiente verso es un poco más específico:

1 Tesalonicenses 5:8
“Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo”

No es una esperanza incierta, sino una que no trae consigo vergüenza de decepción.

Romanos 5:5
“y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”

La cabeza del soldado estaba entre las partes principales a defender, ya que en ella pueden caer los golpes más mortales. La cabeza es el asiento de la mente, la cual, cuando está sostenida del evangelio de la “esperanza” de vida eterna, no recibirá falsa doctrina o le dará lugar a los susurros de Satanás y a las tentaciones. Nuestro yelmo tiene que ser la salvación; que es, esperanza, lo cual es el objeto de la salvación. Una buena esperanza de salvación, bien fundada y bien construida, purificará el alma y la guardará de ser atacada por Satanás. También consolará el alma y la guardará de ser atribulada y atormentada. Nos tentará para desfallecer; pero la buena esperanza nos mantiene confiando en Dios, y regocijándonos en ÉL.

Conclusión

Un hombre que no tiene orden de sí mismo y sus pasiones sino que les da rienda suelta está expuesto al enemigo de nuestra alma, Satanás. La ciudad que es incapaz de ser defendida, puede ser vencida sin ningún problema. El dominio propio es el gobierno del espíritu, la reducción del ego falso y esclavizado.

Recibe y acepta el yelmo ofrecido por el Señor, llamado “salvación” para asegurar la cabeza. Toda la armadura de Dios, que ninguna parte quede desnuda y expuesta al enemigo.

Por una parte tenemos la ciudad sin muros y por otro lado el yelmo de la salvación. Tanto los muros y el yelmo están protegidos. El hombre que no controla su espíritu (desde el interior) se compara con una ciudad sin muros. Así el hombre que controla su espíritu es como una ciudad amurallada, fuerte para defenderse de enemigos externos. El que no usa el yelmo de la salvación está en peligro de un herirse en la cabeza (por fuera). La cabeza es la que piensa y ordena a todo el cuerpo. Hay que cuidarla bien para que no “perdamos la cabeza”.

De hecho aquellos dos no son lo mismo pero necesitamos a ambos –para desarrollar el fruto del espíritu para que no tengamos necesidad de ser comparados con una ciudad sin muros.

Gálatas 5:22-25
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”

Y para caminar en el espíritu también necesitamos ponernos toda la armadura espiritual que Dios nos dio, el yelmo de la salvación, en este caso, para proteger nuestra cabeza y nuestro pensar del enemigo.

Andrea Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960