La carrera, la batalla y la guerra



En Hebreos 12:1-2 leemos:

 

Hebreos 12:1-2
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

 

En este pasaje somos llamados a correr con paciencia la carrera que está establecida ante nosotros, poniendo los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe. El pasaje presenta nuestro andar cristiano, nuestra vida cristiana, como una carrera que necesitamos correr:

 

1) con paciencia, y

2) poniendo los ojos en Jesús, quién es el autor y consumador de nuestra Fe.

 

Pablo en otro pasaje, en Filipenses esta vez, habla de nuevo sobre la carrera. Ahí leemos:

 

Filipenses 3:12-14
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

 

Pablo no se contaba así mismo como ya haber ganado el premio. Sino que desestimaba aquellas cosas que quedaron atrás prosiguiendo a la meta al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Había una meta a la cual llegar, un premio qué recibir. Pablo no consideraba este premio como ya recibido, sino que enfocaba su vida en recibir este premio. Era una persona con objetivos con la meta de alcanzar el supremo llamamiento de Dios.

Pablo habla de nuevo sobre la carrera y el premio en 1 Corintios 9:24-27 que dice:

 

1 Corintios 9:24-27
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”

 

Pablo corría la carrera buscando una corona incorruptible. Tenía su objetivo establecido y su meta era recibir la corona incorruptible de las manos del Señor, no permitiría que nada se interfiriera en ello. No corría con inseguridad. Sabía su meta y estaba seguro del premio que le esperaba. Así como los atletas se disciplinan teniendo en mente su meta de ganar las carreras, así también Pablo disciplinaba su cuerpo, poniendo atención que mientras le predicaba a otro, el mismo no se descalificaría. La carrera que Pablo corría, no era solamente para Pablo. Nosotros también corremos la misma carrera, la misma corona, el mismo premio nos espera también.

Continuando, la carrera que tenemos que correr también es presentada como una batalla en el pasaje anterior de 1 Corintios. Pablo habla de ella en otros pasajes también. Uno de ellos es 1 Timoteo, donde Pablo le está dando instrucciones a Timoteo, escribe:

 

1 Timoteo 6:12
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”

 

Hay una buena batalla, la buena batalla de la fe, que tenemos que pelear. También en su carta a los Gálatas, Pablo preguntándose sobre su estado de fe escribe:

 

Gálatas 5:7-10
Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.”

 

Corrían bien pero ya no corrían. Alguien los impidió, les causó problemas. Parece que en la carrera también hay un competidor, alguien que no quiere que corramos bien, y si es posible, que no la corramos.

Pablo de nuevo habla sobre la carrera y la batalla en 2 Timoteo 2:3-5:

 

2 Timoteo 2:3-5
Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.”

 

La carrera se convierte en batalla y la batalla se convierte en guerra. El atleta es también un soldado y el soldado es también un guerrero. Y un buen soldado tiene que aprender a resistir duramente.

Resumiendo lo anterior podemos hacer un dibujo de un buen corredor de la carrera, o un buen soldado:

Así que, el buen soldado o corredor:

 

i) Corre la carrera con paciencia. Como Barnes en su comentario explica lo siguiente:

 

“La palabra traducida como “paciencia” más bien significa en este lugar, perseverancia. No podemos correr la carrera sin permitirnos ser impedidos por cualquier obstrucción, y sin desvanecernos en el camino. Motivados por el ejemplo de las multitudes quienes han corrido la misma carrera antes que nosotros, debemos perseverar hasta el final como ellos hicieron.”

 

ii) Tiene objetivos puestos y su meta en la vida no es hacer la vida tan cómoda como sea posible sino obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

 

iii) No corre con incertidumbre. No golpea al aire. En frente de sus ojos tiene el objetivo, el premio, la corona incorruptible. Como Barnes de nuevo explica:

 

“No con incertidumbre – (oukadelos). Esa palabra no viene en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. Usualmente significa, en los escritores clásicos, “oscuramente”. Aquí significa que no corrió no sabiendo qué objeto quería alcanzar. “no corro a lo loco; no me afano por nada; sé lo que busco, y mantengo el ojo fijo en ese objeto; tengo la meta y la corona frente a mis ojos.””

 

iv) Se disciplina y sabe muy bien que él mismo se puede descalificar. Tomando en cuenta el peligro de la descalificación, Pablo nos dice en segunda de Corintios:

 

2 Corintios 13:5
Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”

 

El buen corredor, se examina a sí mismo, se revisa para ver si está en la fe. Se prueba y se disciplina.

 

v) Continuando, el buen soldado no se enreda con las aventuras de la vida, para así complacer a aquel que le ha escogido. No podemos ser soldados de Jesucristo y al mismo tiempo tener todo nuestro interés en nuestras propias cosas. Cuando hay un llamado para soldados, dejan atrás sus cosas, negocios, tiendas y van a la guerra. Eso no significa que para ser soldados de Jesucristo tenemos que dejar nuestras ocupaciones. Pablo mismo construía tiendas para ganarse la vida. Pero no debemos “enredarnos”, dedicarnos completamente, pre-ocuparnos con eso. Como el comentario de toda la Biblia de Matthew Henry dice:

 

“La gran preocupación de un soldado debería ser complacer a su general; así la gran preocupación de un cristiano debería ser complacer a Cristo, que Él nos apruebe. La manera de complacer a aquel que nos ha escogido para ser soldados no es enredándonos con las aventuras de la vida, sino siendo libres de tales enredos porque nos impedirían en nuestra santa batalla.”

 

En otras palabras si yo dijera, ciertamente tenemos cosas qué hacer, cosas como trabajo u obligaciones de las cuales tenemos que encargar. PERO no debemos enredarnos, capturarnos, sobre ocuparnos, con todo eso. Esas no son la razón por la cual estamos aquí. Estamos aquí para complacer a nuestro general, para ser buenos soldados de Jesucristo. Estamos en una guerra y no deberíamos de sentarnos como si no estuviéramos ampliando esto un poco más, como el Señor Jesucristo dijo en la parábola del sembrador, los afanes de este mundo, el engaño de las riquezas y los placeres de la vida -esto es, los enredos con las cosas del mundo de las cuales está hablando Pablo- hacen la Palabra de Dios infructuosa. En esta parábola muchos empezaron bien. La Palabra de Dios fue sembrada y germinó en muchos corazones. Aún así solo en la última categoría dio fruto. Eso también demuestra que el número de aquellos que terminan la carrera fructíferamente no es necesariamente igual al número que la empezaron. Vamos a ver la interpretación que el Señor dio en su parábola:

 

Lucas 8:11-15
“Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Más la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.”

 

La segunda y tercer categoría empezaron bien pero no terminaron bien. Empezar la carrera no es solo lo más importante. Después de que la has empezado, lo más importante es seguir corriéndola. Y la única manera de seguir corriéndola es con paciencia, poniendo los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe. Peleando la batalla, buscando complacer a nuestro general y no enredándonos con las cosas de la vida. Hay un mal entendido que dice que volverse cristiano significa un boleto a una vida fácil, llena de placeres. La palabra “bendiciones” pasó a significar que Dios te dará cualquier cosa que te complazca. En muchas ocasiones una vida fácil se ha vuelto el objetivo. Tenemos que poner atención de que no sea ese nuestro objetivo. Nuestro objetivo es servir al Señor Jesucristo y los enredos -el concentrarnos en las cosas de este mundo- solo pueden hacer una cosa: hacer infructuosa la semilla en nuestros corazones.

Nuestro objetivo en esta vida no es satisfacer la definición que establece un hombre exitoso. Si Pablo y Pedro y los demás fieles vivieran hoy todavía la sociedad no los valoraría mucho. Pablo dejó todos los privilegios terrenales que tenía, todo lo que esta sociedad reconoce como valioso, para ganar a Cristo. Como dice en Filipenses 3:4-11:

 

Filipenses 3:4-11
“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”

 

Había muchas cosas que Pablo tenía antes de ser Cristiano. Pablo era alguien a quién su sociedad honraba. Era “exitoso”, de acuerdo a la definición de su sociedad, del mundo. Y aún así, contó todo eso como basura para ganar a Cristo.

Para ser fructífero en Cristo, tenemos que soportar dureza, tenemos que soportar tentación y tenemos que dejar de tener confianza en las riquezas y en nuestro propio poder. Si nos hacemos cristianos solo para obtener un poco más de soltura económica o para ser un poquito más que nuestros propios vecinos o para evitar ésta o aquella dureza, o para obtener un poquito más de “bendiciones” entonces hemos entendido mal las cosas. Como Pablo dice en primera de Corintios 15:19

 

1 Corintios 15:19
“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.”

 

Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, si donde concentramos nuestra confianza es esta vida, entonces somos los más miserables de todos los hombres. Más bien, nuestro propósito en esta vida es complacer a Aquel que nos llamó: AL SEÑOR JESUCRISTO. Él es nuestro general, el autor y consumador de nuestra fe y solo correremos la carrera si la corremos con paciencia teniendo puestos nuestros ojos en Él.

Jesucristo no prometió un “en la vida lo tendrás todo”. Nos invitó a tomar nuestra cruz (Marcos 8:34). Sin duda promete bendiciones, pero también habla de dureza. Hay un premio pero también una carrera. Una corona pero también una batalla. Y ahí es donde necesitamos paciencia y tener el enfoque correcto. Es mucho más fácil correr una colina de bajada que correrla de subida. Correr de bajada requiere muy poca orientación a la meta: las piernas mismas te llevan. Pero para correr de subida necesitas paciencia y estar enfocado en la meta. Sin esto es posible que te quedes sentado en el camino y pasarte la vida ahí. Todas las cuatro categorías comenzaron bien pero solo la última categoría decidió continuar y correr la colina. Fueron “aquellos que cayeron en la buena tierra… habiendo escuchado la Palabra con un corazón noble y bueno, la guardaron y llevaron fruto con paciencia”. Llevaron fruto con paciencia después de haber escuchado la Palabra con un corazón noble y bueno. Ponte como meta el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Ponte como meta complacer a Dios, ser un buen soldado de Jesucristo, con cualquier cosa que esto tome. Haz probado y visto que Dios es bueno. Por lo cual enfoca tu vida en Él.

 

La carrera: el competidor

Como vimos previamente, la vida Cristiana se presenta como una batalla. También como leímos en Gálatas, vimos que corrían bien pero alguien se los impidió durante la carrera. También vimos que la tentación, el engaño de las riquezas, los afanes de este mundo y los placeres de la vida hicieron infructuosa la segunda y tercera categoría de la parábola del sembrador. En la misma parábola también podemos ver que la primera categoría perdió la semilla de la Palabra de Dios porque el diablo vino y se la llevó. Con lo anterior debe quedar claro que la carrera no se corre solo. También hay un competidor; hay alguien que no quiere que terminemos exitosamente la carrera. Se opone a nuestro objetivo y quiere que dejemos de alcanzar nuestra meta. En otras palabras ¡ahí está el enemigo!

Efesios 6 habla de nuestro conflicto con este enemigo:

 

Efesios 6:10-12
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

 

Éste pasaje así como los versos que le siguen describen el batallar entre nosotros y el enemigo. Pablo no empieza directamente con la descripción del conflicto, sino que comienza con una invitación: la invitación a ser fuerte en el Señor y en el poder de su fuerza. No hay nadie como el Señor, no es nuestro poder el que puede rebasar al enemigo. Es el poder de Su fuerza y tenemos que ser fuertes en este poder. Y la invitación continúa con el llamado a ponernos toda la armadura de Dios. Los luchadores tienen armaduras y nosotros, como soldados de Jesucristo, tenemos una armadura también. Y la armadura tiene un propósito: para que podamos soportar las asechanzas del diablo. El enemigo es el diablo y nos asecha. Y el pasaje continúa diciendo con quién luchamos: no contra hombres, no contra sangre y carne sino contra principados y potestades y gobernadores de las tinieblas de este siglo. Luchamos contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por lo cual hay un enemigo al cual debemos contrarrestar, una batalla que tenemos que pelear y una armadura que nos tenemos que poner.

Los versos 14 al 18 describen esta armadura:

 

Efesios 6:14-18
“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;”

 

Dios nos ha dado esta armadura y necesitamos tomarla y ponérnosla para poder pelear la batalla contra el enemigo. Más descripciones e instrucciones en cuanto a nuestro competidor en la carrera vienen en 1 Pedro 5:8-11 que dice:

 

1 Pedro 5:8-11
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

 

El diablo es nuestro adversario, nuestro oponente. Anda por ahí y su objetivo es brutal: nos quiere devorar. Es por eso que la Palabra de Dios nos dice: ser sobrios y velar. Como el comentario de la Biblia de Matthew Henry dice al respecto:

 

“Es su (cristianos) deber, 1. Ser sobrio, y gobernar ambos tanto el hombre interno como el externo mediante las reglas de la templanza, modestia, y mortificación. 2. Vigilar; ni seguros o sin cuidado, más bien sospechosos del peligro constante de éste enemigo espiritual y bajo esa aprensión, ser cuidadosos y diligentes para prevenir sus designios y salvar nuestras almas.”

 

Debemos de enfocarnos en el objetivo correcto. Aunque tenemos que ser vigilantes y alertas, nuestro enfoque no es el diablo, sino el Señor Jesucristo. Estamos para correr la carrera enfocándonos, poniendo los ojos en Él y al mismo tiempo estar sobrios y velar debido al enemigo. Tenemos que resistir al enemigo, firmes en la fe. Puede que esto signifique que tengamos que sufrir algún tiempo. Esto es evidente, y también del pasaje que vimos en Timoteo, que la vida cristiana involucra sufrimiento y dureza. Sin duda implica una batalla y requiere firmeza. Significa que durante nuestro andar cristiano tendremos que sufrir a veces. ¿Por qué digo esto? Me enfoqué en aquellos de nosotros que por alguna razón están desanimados en su caminar cristiano. En aquellos que sufren y aquellos que parece que lo que esperan de Dios no es lo que parecen obtener. Estás en medio de una batalla pero Dios ESTÁ CONTIGO. Vas a salir triunfante. Como Pedro dijo “Si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence sino que le dé la gloria a Dios” (1 Pedro 4:16). También Santiago dijo “Bendito el hombre que resiste la tentación” (Santiago 1:12). Hoy quiero animarte a resistir la tentación. ¡Esto no significa que vamos a hacer como si nada hubiera pasado! Puede que tengamos los sentimientos heridos, puede que tengamos preguntas y puede que nos preguntemos porqué Dios permitió todo eso. Tenemos que expresar nuestros sentimientos a Dios abiertamente podemos hacerle preguntas y decirle cómo nos sentimos. No se trata de que nos hagamos los duros y simplemente continuemos, mientras que nuestros corazones están llenos de heridas y decepción. Job era un hombre que vivía justamente y aún así le vino destrucción repentinamente. Su salud se deterioró muy rápido. Sus hijos murieron. Perdió todas sus propiedades y su esposa lo se enojaba con él porque él mantenía su fe. Encima de todo eso sus amigos lo culpaban por lo que le había sucedido. ¿Quién podría imaginarse una combinación peor a ésta? Job quería morir y es posible que yo también lo hubiera querido si hubiera estado en esa situación. ¿Pero cómo reaccionó? No se hizo el fuerte ni maldijo a Dios, como su esposa le había dicho que hiciera. Sino que clamó al Señor, abriéndole su corazón y al mismo tiempo cuestionándole. Su libro es un libro lleno de porqués y preguntas dirigidas a Dios. Es posible que tú también hayas sufrido mucho y pueda que tengas muchos porqués también. Cosas que has esperado que no han sucedido. Pocas cosas son peores que los deseos incumplidos, esperanza de que Dios hará eso y que no lo hace. Puede ser un trabajo que no obtuviste, una pareja que no llegó, salud que no fue restaurada. Esperanza que no se cumplió. Cualquier cosa que sea es una prueba. Cualquier cosa que haya sido no debes de cerrar tu corazón. Cualquier cosa que sea tienes que decírselo al Señor. Cuestiónalo, clama a Él, pero lo que sea comunícaselo a Él. En todos sus sufrimientos Job no blasfemó como su esposa le dijo que hiciera, como dijo “aunque él me matare, en él esperaré;” (Job 13:15). En todos sus horribles sufrimientos y en todo su debate con Dios, Job fue fiel. Una cosa es cuestionar a Dios en relación con Él, y otra es rechazarlo. Job estaba lleno de dolor pero permaneció durante la prueba. Su esposa, a quién no sé si originalmente tenía fe o no, estaba llena de dolor también pero ella no permaneció. Pudo haber tenido esperanza en Dios en los días buenos, pero en los días de sufrimiento se fue por el mal camino… la segunda categoría en la parábola del sembrador. Pero Job dijo: ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? (Job 2:10). Job estaba preparado y tú también debes de estarlo. Tienes que estar preparado y tomar una decisión que lo que sea que tome, cualquier sufrimiento, cualquier deseo incumplido, permanecerás fiel hasta el final. No es fidelidad a una idea… sino fiel al Dios que se te ha revelado. Toma la decisión de correr la carrera hasta el final, lo que sea que tome, y córrela con paciencia poniendo los ojos en Jesús el autor y el consumador de nuestra fe. Como Pedro dice:

 

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

 

Dios te bendiga.

 

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 




 

La carrera, la batalla y la guerra (PDF) Edición en PDF