José, un hombre de paciencia



En Santiago 5:10-11 leemos:

 

Santiago 5:10-11
“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.”

 

Algo que necesitamos es paciencia, especialmente en las dificultades. “muestren paciencia en el sufrimiento” (Romanos 12:2 NVI), dice la Palabra de Dios. Ahora, me gustaría que le echáramos un vistazo al tema de la paciencia, utilizando para este propósito el ejemplo de José, el hijo de Jacob.

 

1. José: en la tierra de Canaán.

Génesis 37:3-11 leemos:
“Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez. Por eso mandó que le confeccionaran una túnica especial de mangas largas. Viendo sus hermanos que su padre amaba más a José que a ellos, comenzaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban. Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo contó a sus hermanos, éstos le tuvieron más odio todavía, pues les dijo: —Préstenme atención, que les voy a contar lo que he soñado. Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y le hicieron reverencias. Sus hermanos replicaron: —¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter? Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba. Después José tuvo otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo: —Tuve otro sueño, en el que veía que el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias. Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió: —¿Qué quieres decirnos con este sueño que has tenido? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a hacerte reverencias? Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre meditaba en todo esto.”

 

Jacob amaba a José más que a sus otros hijos. Eso causó la envidia de sus hermanos. Y como si eso no fuera suficiente, también tuvo dos sueños, en los cuales aparecía gobernando sobre su familia y eso llenó a sus hermanos de odio aún más. Como veremos mas adelante, esa envidia le causó muchos problemas a José.

En lo que corresponde al originario de esos sueños, el hecho de que, como veremos, Dios los cumplió -mucho tiempo después- (Génesis 42:9), y demuestra que Él, antes que nada, también fue quien se los dio. Probablemente después, y habiendo visto los problemas que esos sueños le trajeron a José, la siguiente pregunta es ¿porqué? ¿Porqué le dio Dios a José sueños proféticos que se iban a cumplir mucho años después? ¿A caso no sabía que esos sueños solo iban a aumentar el odio en sus hermanos, de hecho hasta el grado de venderlo como esclavo en Egipto? Por supuesto que lo sabía. Dios todo lo sabe. Nada toma a Dios por sorpresa. Él lo sabe todo. Él ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver. Las cosas que José sufrió tenían un propósito, aún si era muy difícil de verse en el momento en que le sucedió. El hecho de que nosotros estemos pasando por tribulación y desconsuelo no significa necesariamente que estemos caminando fuera del plan de Dios. Así como con José, del mismo modo con nosotros, las dificultades tienen su propósito y así mismo pienso que eso también aplica en todo lo que el Señor pone en nuestro camino. “Todas las cosas obran para bien para aquellos que aman a Dios” (Romanos 8:28), dice la Palabra. Si amas a Dios, TODO, obra para bien. Incluso las dificultades y aun los sufrimientos. No siempre necesitas tener los “porqués” contestados para poder continuar, como veremos, las respuestas de José tomaron muchos años en ser contestadas y mientras tanto se le agregaron más preguntas. Lo que sin embargo siempre necesitamos es fe – confiar en los planes de Dios, aun si no los hemos visto por completo. Como en 1 de Pedro 4:19 dice: “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.” Habrá algunas veces donde puede que suframos y eso “de acuerdo a la voluntad de Dios”.Confiemos nuestras almas a Él así como a un fiel creador. Él sabe muy bien lo que está haciendo.

 

2. De Canaán a Egipto

Volviendo a José, si inmediatamente no preguntó sobre los motivos por los cuales Dios le había dado esos sueños, probablemente sí lo hizo después de lo que le siguió. Su padre lo mandó a buscar a sus hermanos al lugar donde alimentaban sus rebaños. Pero ellos...

 

Génesis 37:18-28
“Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle. Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños. Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos. Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.”

 

La envidia de sus hermanos hizo que ellos lo vendieran como esclavo en Egipto. Vamos a detenernos un momento y vamos a ponernos en los zapatos de José: imagina las preguntas que probablemente tenía. Su vida cambió dramáticamente en un momento. Unas cuantas horas antes, estaba en su casa, con su padre quien lo quería mucho y derrepente iba como esclavo a Egipto, vendido por sus propios hermanos! ¿Tu crees que entendió porque pasó todo eso? Yo no lo creo.

Así como José, probablemente nosotros tampoco entendemos las razones detrás de las cosas. Puede que nos sintamos tristes y como Job afligidos. Pero déjame volver a repetir que “TODAS las cosas obran para bien para aquellos que aman a Dios” Nuestra vista es muy limitada, solo al presente y al pasado. Por otro lado, Dios tiene toda la panorámica del pasado, presente y el futuro. Nuestra vista es limitada e imperfecta. La Suya es completa. El vínculo entre nuestra vista y la perfecta vista de Dios es fe. La fe somete nuestra vista imperfecta a la perfecta vista de Dios, y se niega a actuar solamente de acuerdo a lo que nuestra imperfecta vista dice. Cuando nuestra fe se cansa, entonces nos cansamos de poner nuestra confianza en los ojos de Dios y la ponemos en nuestros propios ojos. No tratemos de responder preguntas que aun no han sido contestadas basándonos en lo que nuestros ojos ven. Puede que nuestra conclusión no sea la correcta. Por lo cual, confiemos nuestras almas “a Él como a un fiel creador”. ÉL SIEMPRE SABE lo que está haciendo, aun cuando haya cosas que no alcancemos a comprender en ese momento.

 

3. José: En la casa de Potifar y luego en prisión

Regresando a José, los versos 1-6 del capítulo 39 nos dicen lo que sucedió después:

 

Génesis 39:1-6
“Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.”

 

“MAS JEHOVÁ ESTABA CON JOSÉ”. No dicea que Dios había dejado a José durante su tribulación en casa y luego volvió. El Señor estaba con José, y había estado con él desde el principio. “No te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5), dice la Escritura. José, como probablemente tu también, tenía acceso solamente al pasado y al presente. Si hubiera visto su situación con sus ojos físicos, se hubiera sentido muy miserable. Incluso pudo haber querido renunciar a la vida. Sin embargo, no lo hizo así, aunque la vida que estaba viviendo era muy diferente de la de sus expectativas. De lo contrario, trabajó para el egipcio, quien de hecho lo puso a cargo de todo lo que tenía. Aunque las preguntas de José aun no se habían respondido, vivió su vida, poniendo su corazón en las manos de Aquel que sabía todas las respuestas.

En cuanto a la vida de José en la casa de Potifar, se podría decir que la vida le volvía a sonreír. Tenía un buen trabajo: estaba a cargo de las propiedades de uno de los oficiales del faraón. Me parece que esa era una posición muy privilegiada para muchos egipcios, siendo José un extraño entre ellos. Sin embargo, las cosas cambiaron de nuevo repentinamente. Génesis 39:6-20 dice:

 

Génesis 39:6-15, 19-20
“Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan sólo se preocupaba por lo que tenía que comer. José tenía muy buen físico y era muy atractivo. Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso: —Acuéstate conmigo. Pero José no quiso saber nada, sino que le contestó: —Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí. En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios? Y por más que ella lo acosaba día tras día para que se acostara con ella y le hiciera compañía, José se mantuvo firme en su rechazo. Un día, en un momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente, José entró en la casa para cumplir con sus responsabilidades. Entonces la mujer de Potifar lo agarró del manto y le rogó: «¡Acuéstate conmigo!» Pero José, dejando el manto en manos de ella, salió corriendo de la casa. Al ver ella que él había dejado el manto en sus manos y había salido corriendo, llamó a los siervos de la casa y les dijo: «¡Miren!, el hebreo que nos trajo mi esposo sólo ha venido a burlarse de nosotros. Entró a la casa con la intención de acostarse conmigo, pero yo grité con todas mis fuerzas. En cuanto me oyó gritar, salió corriendo y dejó su manto a mi lado. Cuando el patrón de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey.”

 

José era muy propio en su trabajo y derrepente la esposa de Potifar lo asedió y terminó en la prisión del faraón. No dio un paso atrás de lo que sabía era la voluntad de Dios. Como le dijo a ella: “¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?” José tenía temor de Dios, no del hombre. Aunque el resultado fue que lo llevaron a la cárcel, la presencia del Señor lo siguió incluso ahí también. Los versos 20-23 dicen:

 

Génesis 39:20-23
“y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel, el cual puso a José a cargo de todos los prisioneros y de todo lo que allí se hacía. Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.”

 

Más el Señor estaba con José...” y me parece que lo mismo sucede contigo: el Señor está contigo. Aunque estés en una situación difícil, el Señor está ahí. Puede, que como José, tengas preguntas que no han sido respondidas. Puede que te preguntes ”¿y dónde está Dios en todo esto?” pero la es respuesta creo que es simple, corta y directa: contigo.

Volviendo a José, de haber estado a cargo de la casa de Potifar ahora estaba a cargo de toda la prisión. Después de algún tiempo, entre sus “huéspedes” estaban también dos oficiales del faraón: el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos. Génesis 40:5-8 dice:

 

Génesis 40:5-8
“una noche los dos funcionarios, es decir, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueño, cada sueño con su propio significado. A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró muy preocupados, y por eso les preguntó: —¿Por qué andan hoy tan cabizbajos? —Los dos tuvimos un sueño —respondieron—, y no hay nadie que nos lo interprete. —¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que soñaron?”

 

“¿Acaso no es Dios quien da la interpretación?” y en efecto a Él pertenece toda interpretación, explicación y respuesta. Con esta motivación, los prisioneros empezaron a contar sus sueños a José:

 

Génesis 40:9-15
“Entonces el jefe de los coperos le contó a José el sueño que había tenido: —Soñé que frente a mí había una vid, la cual tenía tres ramas. En cuanto la vid echó brotes, floreció; y maduraron las uvas en los racimos. Yo tenía la copa del faraón en la mano. Tomé las uvas, las exprimí en la copa, y luego puse la copa en manos del faraón. Entonces José le dijo: —Ésta es la interpretación de su sueño: Las tres ramas son tres días. Dentro de los próximos tres días el faraón lo indultará a usted y volverá a colocarlo en su cargo. Usted volverá a poner la copa del faraón en su mano, tal como lo hacía antes, cuando era su copero. Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel!”

 

Los sueños de los dos jefes (nos saltamos el sueño del jefe de los panaderos) eran de Dios. Es por eso que también dio la interpretación. Al jefe de los coperos se le iba a restituir su puesto. José, sabiendo eso, le pidió que le hablara de él al faraón. Los versos 20-23 dicen:

 

Génesis 40:20-23
“En efecto, tres días después el faraón celebró su cumpleaños y ofreció una gran fiesta para todos sus funcionarios. En presencia de éstos, mandó sacar de la cárcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. Al jefe de los coperos lo restituyó en su cargo para que, una vez más, pusiera la copa en manos del faraón. Pero, tal como lo había predicho José, al jefe de los panaderos mandó que lo ahorcaran. Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo.”

 

Las cosas sucedieron tal y como Dios había dicho a través de José. Sin embargo, a pesar de ese hecho y las peticiones de José, el jefe de los coperos se olvidó de él por completo. Quien sabe lo que José estaba pensando. Puede ser que haya esperado con gran expectación a que pasaran los tres días para que se cumplieran los sueños, esperando a que el jefe de los coperos se acordara de él. Pero lo olvidó. Uno puede llamarlo descuido, otro ingratitud. Sin embargo, “¿Quién puede anunciar algo y hacerlo realidad sin que el Señor dé la orden?” (Lamentaciones 3:37) dice la Palabra de Dios. Para el que sigue a Dios nada es accidente. De lo contrario, “Para aquellos que aman a Dios todas las cosas obran para bien” TODO. ¿Incluso ese descuido? Si. ¿Aun el hecho de que lo hayan puesto en la cárcel sin ser culpable? Seguro. ¿También en la situación en la que me encuentro? Sí, si amas a Dios. Todas las cosas obran para bien para aquellos que aman a Dios y honestamente no creo que tu situación o la mía sean excepciones de ese “TODO”.

 

4. José: en el palacio de Faraón

Pasó algún tiempo, y ahora le tocaba al faraón tener un sueño para el cual buscó interpretación. Hasta ese momento fue cuando el jefe de los coperos se acordó del joven hebreo que le había explicado a él y al jefe de los panaderos los sueños que habían tenido unos años antes. Inmediatamente, el faraón mandó traer a José y Dios dio a través de él la interpretación del sueño: Egipto iba a tener 7 años de abundancia, seguidos de otros 7 años de hambruna. Faraón, por lo tanto, tenía que actuar sabiamente y dispuso de un hombre, el cual se encargaría de que el país usara los recursos abundantes de los primeros siete años para cubrir la escasez que estaba por venir. Entonces el faraón le dijo a José:

 

Génesis 41:37-44
“Al faraón y a sus servidores les pareció bueno el plan. Entonces el faraón les preguntó a sus servidores: —¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios? Luego le dijo a José: —Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio que tú. Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Sólo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey. José, gobernador de Egipto. Así que el faraón le informó a José: —Mira, yo te pongo a cargo de todo el territorio de Egipto. De inmediato, el faraón se quitó el anillo oficial y se lo puso a José. Hizo que lo vistieran con ropas de lino fino, y que le pusieran un collar de oro en el cuello. Después lo invitó a subirse al carro reservado para el segundo en autoridad, y ordenó que gritaran: «¡Abran paso!» Fue así como el faraón puso a José al frente de todo el territorio de Egipto. Entonces el faraón le dijo: —Yo soy el faraón, pero nadie en todo Egipto podrá hacer nada sin tu permiso.”

 

Así como derrepente José fue exiliado y enviado a prisión así de repentino fue puesto como el segundo en mando en todo Egipto! Solo el faraón estaba por encima de él! Bajo el liderazgo de José, Egipto iba a poder ahorrar durante el período de la abundancia lo suficiente para enfrentar los siete años de hambre que venían. Además, Jacob, el padre de José, una vez que escuchó que había alimento en Egipto, envió a sus hijos para que compraran. Los capítulos 52-56 de Génesis demuestran la hermosa manera en que Dios arregló una reunión de toda la familia en Egipto.

 

5. José: las razones

Las cosas que hemos leído sobre José, especialmente el período de tribulación, no era algo que duró uno o dos meses. De hecho, pasaron como 13 años desde el momento en que José fue vendido a Egipto hasta que fue a dar frente al faraón (ver Génesis 37:2 y Génesis 41:46). El Salmo 105;17:22 nos da un resumen de lo que le sucedió a José así como su significado.

 

Salmo 105:17-23
“Pero envió [Dios] delante de ellos [el pueblo de Israel] a un hombre: a José, vendido como esclavo. Le sujetaron los pies con grilletes, entre hierros le aprisionaron el cuello, hasta que se cumplió lo que él predijo y la palabra del Señor probó que él era veraz. El rey ordenó ponerlo en libertad, el gobernante de los pueblos lo dejó libre. Le dio autoridad sobre toda su casa y lo puso a cargo de cuanto poseía, con pleno poder para instruir a sus príncipes e impartir sabiduría a sus ancianos.”

 

Fue Dios quien envió a José a Egipto. “EL LO ENVIÓ”. Así como José les dijo a sus hermanos después de la reunión:

 

Génesis 45:7-8
Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes.”

 

y también en Génesis 50:19-20
“No tengan miedo — les contestó José. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.”

 

Regresando a Salmos, Dios había dispuesto un tiempo para que “Su Palabra [en cuanto a José] se cumpliera”. Hasta ahí “hasta que la Palabra de Dios lo probó.” Por lo cual, las cosas que José sufrió no eran por “mala suerte” o por malas circunstancias, sino los pasos que Dios había dispuesto para el plan que tenía para él. Ese fue un proceso que Dios había planeado para desarrollar en él lo que era necesario para el próximo paso. Como en Romanos 5:3-5 dice en cuanto a las tribulaciones:

 

Romanos 5:3-5
“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”

 

también en Santiago 1:2-4
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

 

también Hebreos 10:36
porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”

 

Necesitamos paciencia para llevar a cabo la voluntad de Dios y, aunque no nos guste, la paciencia se produce a través de procesos, no de caminos cortos. José no podía avanzar al paso 3 [ser el segundo en mando en Egipto y ser el medio para salvar a Israel] sin haber pasado primero por el paso 1 [haber sido odiado por sus hermanos y el haber sido vendido a la casa de Potifar en Egipto] y 2 [haber sido enviado a prisión injustamente]. Como en el Salmo 105 dice: “Le sujetaron los pies con grilletes, entre hierros le aprisionaron el cuello, hasta que se cumplió lo que él predijo” lo que Dios tenía preparado para José desde el principio era el paso 3. Sin embargo, no lo hubiera hecho posible sin haber transcurrido los pasos 1 y 2. Queremos la resurrección sin crucifixión. Queremos ser discípulos pero sin cargar la cruz. Simplemente no se puede. Si el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;” (Hebreos 5:8) ¿a caso creemos que podemos aprenderlo de otra manera? Si sí, entonces nos engañamos a nosotros mismos.

Los procesos son pasos, solo para llevarnos más arriba y son planeados por Dios para nuestro beneficio. Así como para José, para nosotros también son herramientas que Dios planeó para desarrollar en nosotros lo que es necesario para el siguiente paso en el cual nos quiere tener. Dios tiene un plan y un propósito para nuestras vidas y quiere que cumplamos ese propósito. ¿Nos vamos a someter a Él? Nadie va a llegar a paso 3 sin haber recorrido el paso 1 y 2. Nadie va a aprender obediencia sin haber padecido sufrimiento. Nadie va a producir paciencia sin tribulaciones. Nadie va a alcanzar el propósito que Dios tiene para él sin permitirle al Señor que desarrolle (y remueva) – a través de procesos- lo que Él considere necesario.

 

6. Conclusión

Espero que todo lo anterior haya puesto en claro que los procesos no son algo planeado necesariamente para nuestro mal. De lo contrario, para aquel que ama a Dios “TODAS las cosas obran para bien” y eso verdaderamente incluye también procesos y tribulaciones.

 

Si por lo cual, este es un tiempo que parece estar lleno de preguntas y las respuestas son muy pocas, no pierdas el ánimo. Confía tu corazón al Señor. Él sabe lo que está haciendo, y lo que está haciendo, es verdaderamente para bien y para Su gloria.

 

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 




 

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