Estudios sobre el amor (Parte 2)



En el último tema vimos que el amor es producto de nuestro andar por la nueva naturaleza, esto es, se produce al ponernos y utilizar todas las cosas que la Palabra de Dios dice que somos y podemos hacer. En ese artículo también examinamos algunas cosas que 1 de Corintios 13 dice sobre el amor. Ahora, continuaremos con otros pasajes de la Palabra de Dios que tratan sobre el mismo tema, los cuales nos ayudarán a apreciar mejor la importancia del amor.

 

1. El amor: un nuevo mandamiento

Vamos a empezar esta parte del estudio yendo al evangelio de Juan; lo que leeremos sucedió la noche del arresto de Jesucristo. Durante esa noche, Jesús les dio muchas instrucciones a sus discípulos y una gran parte de este evangelio esta dedicada a ello (Juan 13-17). Entre las cosas que Jesús les dijo esa noche fue algo que caracterizó como un nuevo mandamiento. Juan 13:34 dice:

 

Juan 13:34
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

 

El nuevo mandamiento que Jesús les dio era que se amaran los unos a los otros. La gran importancia que le dio a este mandamiento se muestra por el hecho de que lo repitió 2 veces mas en la misma noche. Juan 15:12-17 dice:

 

Juan 15:12-17
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.

 

Jesucristo ordenó que nos amemos los unos a los otros, y de hecho amarnos unos a los otros como Él nos amó. Pero, ¿cuánto nos amó? Efesios 5:2 dice:

 

Efesios 5:2
“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, Y [como resultado de su amor] se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”

 

Jesucristo nos amó tanto que dio su vida por nosotros y con ese mismo amor es con el que nos ordena amarnos los unos a los otros. “Amar los unos a los otros COMO yo os he amado”, dijo. Caracterizó el amor de los unos a los otros como un MANDAMIENTO, como algo que es necesario hacer. 1 de Pedro 1:22 también dice:

 

1 de Pedro 1:22
“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;”

 

Además: 1 de Pedro 4:8
“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

 

Ante todo debemos amarnos los unos a los otros y de hecho fervientemente, tan fervientemente como Jesús nos amó.

 

2. El amor: el cumplimiento de la ley

En Juan 13:34 vimos que Jesús definió el amor de los unos por los otros como un nuevo mandamiento. Esto probablemente ha hecho que algunos de nosotros se pregunten porqué lo definió de tal modo. ¿Sería porque lo ordenó por primera vez?. Obviamente no, porque también viene en el libro de Levítico el cual se escribió cientos de años antes. Levítico 19:18 dice:

 

Levítico 19:18
“...Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”

 

Por lo tanto, literalmente hablando, el mandamiento que Jesús dio no era nuevo. Entonces, ¿porqué lo llamó nuevo? La simple razón es porque aunque el amor era un mandamiento de la ley, hasta entonces no había sido posible guardarlo. Siendo el amor un producto de la nueva naturaleza, necesita a esa naturaleza para producirse, y hasta ese día, la nueva naturaleza no estaba disponible. Así que aunque se le había ordenado a la gente que se amaran los unos a los otros no podían guardar ese mandamiento. Sin embargo, a partir del día de Pentecostés la gente puede recibir libremente la nueva naturaleza confesando con su boca que Jesús es el Señor y creyendo con el corazón que Dios lo levantó de los muertos, y de ese modo poder amar. Es por eso que Jesús llamó al amarse unos a los otros un nuevo mandamiento. No era nuevo porque porque ya había sido ordenado previamente y a partir del día de Pentecostés iba a poder ser posible llevarlo a cabo.

De hecho, el mandamiento de amarse los unos a los otros no era el único mandamiento de la ley que era imposible de cumplir porque la gente no tenía la nueva naturaleza. Romanos 8:3 define a toda la ley como “débil por la carne [la vieja naturaleza]”. El problema con la ley no era que era mala. De lo contrario, Romanos 6:12 dice que era “santa, justa y buena”. Sin embargo, no había forma de cumplirla y eso era porque la nueva naturaleza no estaba aun disponible. Como Romanos 6:4 dice “la ley es espiritual” pero sus objetos fueron “carnales, bajo pecado”. Así que la gente no podía guardar la ley. Sin embargo, a partir del día en que la nueva naturaleza se hizo disponible, uno puede amar y de ese modo guardar la ley automáticamente. Romanos 13:8-10 dice:

 

Romanos 13:8-10
“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

 

También Gálatas 5:13-14
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

 

Mediante su sacrificio, Jesucristo, terminó la administración de la ley, abriendo al mismo tiempo una nueva administración, la administración de la gracia. Sin embargo, muchas cosas que la ley dice siguen siendo válidas en la presente administración. Por ejemplo, los mandamientos de no robarás o no cometerás adulterio o no matarás o no mentirás también son mandamientos de nuestra administración1. Ahora, de acuerdo al pasaje anterior, para cumplir cualquier mandamiento de la ley, lo cual también es mandamiento de nuestra administración y que también se necesita es nada mas y nada menos que AMOR. Como el pasaje dice: AMOR es el cumplimiento de toda la ley y todos los mandamientos se suman en el de amar al prójimo como a uno mismo. No nos tenemos que enfocar en una lista de qué hacer y qué no, así como: “no debo robar, no debo cometer adulterio, no debo mentir etc.” porque si amamos eso no sucederá, porque cuando amamos no vamos a mentir, ni a robar, ni a matar etc. No se empieza señalando lo negativo (no debo hacer....) sino mas bien amando, lo negativo se eliminará. Como en Gálatas 5:16 dice: “Andad en el Espíritu [la nueva naturaleza], y [como resultado] no satisfagáis los deseos de la carne [la vieja naturaleza].” Cuando caminas en amor, andas en el espíritu, la nueva naturaleza, y como resultado no satisfacerás los deseos de la vieja naturaleza, esto es, no robarás o matarás o cometerás adulterio o harás cualquier cosa que sea producto de esa naturaleza.

 

3. El amor: lo necesario para conocer a Dios

Otro pasaje que demuestra la importancia y la necesidad del amor es 1 de Juan 4:7-8 que dice:

 

1 de Juan 4:7-8
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”

 

Como el pasaje dice: “el que no ama, no ha conocido a Dios”. Dios nos dio la Escritura para conocerlo puesto que ahí se revela así mismo. No obstante, como está claro, eso no se puede lograr mediante conocimiento mental únicamente. También se necesita AMOR. Incluso si alguien tiene la cabeza llena de conocimiento de la Escritura, no conocerá a Dios si ese conocimiento no esta acompañado de amor. Como en 1 de Corintios 13:1-3 dice:

 

1 de Corintios 13:1-3
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.”

 

Este pasaje no dice que la profecía o una gran fe o el hablar en lenguas etc. es malo o que hablar en lenguas y las otras operaciones del espíritu (ver 1 de Corintios 12:8-10) ya no existen y no se deben hacer. Lo que el pasaje dice, es que si hago todas esas cosas sin amor, no soy nada. De nada sirve. Incluso si divido la Palabra de Dios correctamente y soy un “monstruo de conocimiento”, una “concordancia andando”, no soy nada si no tengo amor. Aún si estoy muy comprometido con Dios, no soy nada si no tengo amor. Porque si no tengo amor, sigo siendo ignorante de Dios, que es amor. La gente que sabe menos pero ama más conocerá mejor a Dios que yo. Como en 1 de Corintios 8:1-3 dice:

 

1 de Corintios 8:1-3
“En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.”

 

El conocimiento no es malo. Sin embargo, cuando no esta acompañado de amor, no resultará en conocimiento de Dios sino en envanecimiento. Además, el mismo pasaje en combinación con 1 de Juan 4:20-21 aclara que el argumento aplica al revés también, o sea, si no nos amamos los unos a los otros, no solamente no conoceremos a Dios sino que Dios tampoco nos conocerá a nosotros.

 

1 de Corintios 8:3
Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él

 

1 de Juan 4:20-21
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

 

No podemos decir que amamos a Dios si no nos amamos unos a los otros. En otras palabras, amar los unos a los otros es una condición previa para amar a Dios. Puesto que ahora amar Dios es esencial para que Él nos conozca y ya que primero se requiere amar los unos a los otros, podemos fácilmente concluir que amar los unos a los otros es una condición previa para conocer a Dios. Entonces, ¿qué se necesita para conocer y ser conocidos por Dios? La respuesta es: AMOR.

 

4. Amor: no de palabras

Anteriormente vimos que Jesucristo nos amó, y lo demostró dándose a sí mismo por nosotros. Es evidente que amar requiere actuar, dar. Puede ser que des la Palabra, o apoyo y motivación, parte de tu tiempo, dinero etc. pero la cosa es que el amor esta listo para dar y apoyar cuando sea necesario. 1 de Juan 3:16-17 dice:

 

1 de Juan 3:16-17
“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

 

Jesús demostró su amor al DAR su vida por nosotros y por eso sabemos que nos ama. De igual manera, debemos amarnos los unos a los otros y demostrar nuestro amor correspondiendo con hechos cuando sea necesario. Porque verdaderamente ¿de qué amor hablamos, si vemos a algún miembro del cuerpo, a un hermano o hermana en Cristo, en necesidad y nos es indiferente cuando sabemos que podemos ayudar? Obviamente esto no constituye el amor, el amor no es un concepto teórico, sino algo que debe manifestarse con acciones. Como en 1 de Juan 3:18 dice:

 

1 de Juan 3:18
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

 

No se trata de amar de palabra o de la boca para afuera, sino actuando y en verdad. No se trata de solo saber una teoría sino practicarla. No se trata de ser como en Santiago 2:15-16:

 

Santiago 2:15-16
“Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?”

 

Es tan fácil amar de palabra, sabernos toda la teoría, decir “Dios te bendiga”; pero se debe de acompañar de las acciones pertinentes cuando sea necesario. Como en Gálatas 5:13 dice que tenemos que SERVIR los unos a los otros a través del amor. No debemos ser indiferentes los unos con los otros y huir cuando un hermanos miembro del cuerpo necesita apoyo.

Habiendo dicho todo esto, algunas personas pueden preguntar, ¿cómo podemos saber si alguien necesita genuinamente nuestro apoyo?, y ¿cómo podemos saber si alguien nos necesita, si cuyas necesidades no conocemos exactamente o de plano no las conocemos nada? La respuesta es a través del espíritu de Dios. Dios ha puesto su espíritu en nosotros, para que Él pueda decirnos qué hacer, si hacer, cuándo hacer y cómo hacerlo. Como en Filipenses 2:13 dice:

 

Filipenses 2:13
“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

 

Dios ha puesto su espíritu en nosotros y obra a través de él. Es por eso que tenemos que escuchar lo que nos indica, dejarlo obrar a través de nosotros. Amar no significa hacer cualquier cosa que se me venga a la cabeza porque YO considero que eso es benéfico. Lo que significa el amor es que estoy listo, disponible, para hacer por amor lo que sea que el espíritu de Dios en mí me indique hacer, por quien sea que él me diga. Así que, no le doy a cualquiera que se me atraviese y me pida dinero, porque puede ser que en realidad no lo necesite, sino que doy a aquel o para tal propósito que Dios me diga. Dios sabe quién tiene una necesidad genuina y quién no. Él sabe quién necesita apoyo y quién no. Él sabe cómo utilizar nuestro amor de la mejor manera para Sus intereses.

 

5. El amor: debe ser honesto

Aunque la parte anterior y generalmente de la discusión que hasta ahora hemos hecho ya debería estar claro que el amor tiene que ser honesto, basado en intereses genuinos y de importancia para los miembros del cuerpo, vamos a Romanos 12:9 para verlo mejor. Ahí leemos:

 

Romanos 12:9
“El amor sea sin fingimiento.”

 

La frase “sin fingimiento” es una palabra en griego: el adjetivo “anupokritos” que se compone del prefijo “an” que le da a las palabras un significado negativo y el sustantivo “hupokrisia” del cual el Español deriva la palabra “hipocresía”, que significa fingir, tener una cualidad que en realidad no se tiene o pretender ser alguien sin serlo en verdad. Por ejemplo, 2 de Corintios 11:13-15 nos dice que Satanás “se disfraza de ángel de luz” y sus siervos se disfrazan de ministros de justicia”. Ese disfraz de Satanás y sus siervos es algo que en realidad no son y a eso se le llama hipocresía2.

Ahora regresando a Romanos 12:9, nos pide no fingir que amamos teniendo probablemente en mente otra cosa, sino que amemos honestamente. Solo el amor honesto es verdadero amor. Lo mismo también viene en 1 de Pedro 1:22.

 

1 de Pedro 1:22
“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido [anupokritos], amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

 

Nuestro amor debe venir de un corazón puro, debe ser sincero y verdadero; no de palabra, sino en verdad y demostrado con hechos; debe ser ferviente.

Por lo tanto, crezcamos en nuestro amor hacia los otros y en nuestro entendimiento de que todos pertenecemos al mismo cuerpo, el cuerpo de Cristo, y a la misma familia, la familia de Dios y que somos hermanos unos de los otros. Pongamos el amor por encima de todo lo demás, porque el amor “es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14). Pasemos por alto las debilidades que cada uno de nosotros tenemos y amémonos unos a otros de corazón puro, honestamente y sin hipocresía.

 

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 

 



Notas al pie

1. Ver por ejemplo Gálatas 5:19, Colosenses 3:5-14 y Efesios 4:17-32.

2. Un clásico tipo de gente que Jesús caracterizó como hipócritas eran los escribas y fariseos. Ver Mateo 23:13, 14, 15, 23, 25, 27, 29.

 




 

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