¿De verdad sacrificó Jefté a su hija? Un análisis de Jueces 11:31



Nota: lo siguiente es un capítulo del libro de E.W. Bullinger: “Great cloud of witnesses in Hebrews 11”(Gran nube de testigos en Hebreos 11), Kregel Publications, 1979, pp. 324-331. Este libro, así como todos los demás trabajos de E.W: Bullinger son del dominio público (libres de derechos de autor).

Jefté nos es presentado bajo el mismo título que Gedeón "un asombroso hombre de valor" (Jueves 11:1).No tenemos que tomar en cuenta su historia como hombre, sino su fe, la cual era de Dios.

El era alguien que temía a Jehová. En sus primeras palabras lo llama a ser su testigo; y luego fue y “habló todas sus palabras delante Jehová, en Mizpa” (v.11)

Su mensaje al rey de Amón (vv. 14-27) demuestra que era bien conocido en la historia de su pueblo, como se registra en “el libro de la Ley”. Tuvo que haberla estudiado muy de cerca y por alguna motivo; porque no solo sabía los sucesos históricos como hechos, sino que los reconoció como siendo ordenados por Jehová.

Le dijo todo a Jehová. Era Él quien “entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel” (v.21). Fue Jehová, Dios de Israel, quien “desposeyó al amorreo delante de su pueblo Israel” (v.23). Lo que Jefté e Israel iban a poseer era lo que Dios les había dado (v.24).Y fue Jehová, el Juez, quien llamó a juzgar entre los hijos de Israel y los hijos de Amón (v. 27).

Jefté había escuchado las palabras de Jehová como estaban escritas en las “Escrituras de verdad”; y las creyó.

Este es exactamente un ejemplo de lo que el Apóstol se refiere en Hebreos 11. Él, también sabía la historia que Jefté creyó y la fe con la cual conquistaron a través de Dios. Esto es lo que le da su lugar a Jefté en esta gran “nube de testigos”.

Así que cuando llamó a Dios para juzgar, leemos: “El espíritu de Dios vino sobre Jefté,” y de nuevo leemos las palabras que describen la acción del Espíritu Santo en esa dispensa (v.29).

En el poder del Espíritu Santo aquel, Jefté asumió la guerra junto con Amón, y Jehová coronó su fe entregándole a los amonitas en su mano (v.32).

Este es el relato tremendo y simple de la fe conquistadora de Jefté; y hay un poco más por agregar. Él simplemente había leído lo que Jehová había hecho; y de ese modo llevó a cabo lo que había dicho. Creyó lo que tenía con tan solo leer y oír, y eso es muy suficiente para que lo puesieran entre los “ancianos que recibieron un buen reporte” en cuanto a su fe.

Pero en el caso de Jefté, como en ningún otro, nos sentimos comprometidos a salir de nuestro patrón para justificarlo de lo que tenemos que demostrar como juicio injusto de hombres. Su esforzada fe en Dios no debe de empañarse sin la segura y cierta garantía de la Palabra de Dios misma.

Como Moisés, Jefté “juró a la ligera con sus labios,” pero eso no afecta su fe en lo que había escuchado de Dios; su juramento fue hecho de acuerdo a su entusiasmo, pero no de acuerdo a su conocimiento. Que sacrificara a su hija, y que Dios no reprobara ni con una palabra de desaprobación un sacrificio humano es una teoría increíble. Solamente es mera interpretación humana, en la cual teólogos han diferido en todas las épocas, y la cual ha sido alcanzada sin un cuidadoso análisis del texto.

Es importante recordar que el antiguo comentarista judío Rabbi David Kimchi (1160-1232) traduce las palabras del voto (Jueces 11:31) de una manera muy distinta a la que la mayoría de las traducciones lo han hecho, y nos dice que su padre Rabbi Joseph Kimchi (fallecido en 1180) tenía la misma opinión. Ambos, padre e hijo, junto con Rabi Levi ben Gerson (nacido en 1288), todos ellos considerados entre los más eminentes gramáticos y comentaristas hebreos, quienes deberían tener mejor conocimiento que un comentarista “gentil”, dieron su absoluta aprobación a la traducción de las palabras del voto, las cuales, en lugar de relacionarlas con un objeto, las traducen e interpretan como algo que consta de dos partes distintas.

Esto es hecho mediante la observación de la bien conocida regla de que la partícula conectora “ו” (“vau”, en nuestro latín “v”) se usa frecuentemente como disyuntiva, y significa “o”, cuando hay una segunda proposición. Sin lugar a duda, esta traducción es sugerida en el margen de la versión en inglés King James. De igual modo, con una negativa, la traducción “ni” es igualmente correcta y concluyente.

Podemos consultar los siguientes pasajes:

 

Génesis 41:44
“Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.”

 

Éxodo 20:4
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.”

 

Éxodo 21:15
“El que hiriere a su padre o a su madre, morirá.”

 

Éxodo 21:17
“Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá.”

 

Éxodo 21:18
“Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama;”

 

Números 16:14
“Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas. ¿Sacarás los ojos de estos hombres? No subiremos.”

 

Números 22:26
“Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda.”

 

Deuteronomio 3:24
“¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas?”

 

2 de Samuel 3:29
“Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan.”

 

1 de Reyes 18:10
“que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte”

 

1 de Reyes 18:27
“Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.”

 

Éxodo 20:17
“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”

 

Deuteronomio 7:25
“Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios;”

 

2 de Samuel 1:21
“Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas;”

 

Salmos 26:9
“No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios,”

 

Proverbios 6:4
“No des sueño a tus ojos, Ni a tus párpados adormecimiento;”

 

Proverbios 30:3
“Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo.”

 

Ahora estamos en la posición de leer y entender la palabra del juramento de Jefté, donde tenemos la misma palabra, o mejor dicho, la letra que la representa en hebreo.

“Jefté hizo voto (esto es hizo un juramento solemne) a Jehová”, el cual tenía todo el derecho de hacer. Tal voto se dio, porque en la Ley se prescribía exactamente lo que se tenía que hacer en tales casos; e incluso cuando un voto afectara a una persona (como en este caso) esa persona podría ser redimida si así se deseara. Ver Lev. 27 donde en los versos 1-8 había “personas” afectadas, y los versos 9-13 afecta a las “bestias”; y los versos 14-15 una casa.

Así que parece claro que el voto de Jefté consistía de dos partes: una, alternativa de la otra. Ya sea que la dedicará a Jehová (de acuerdo a Lev. 27), o si aplicase, la ofrecería como holocausto.

Debería de notarse también que, “cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme”, la palabra traducida al español como “cualquiera” en hebreo es del género masculino. Pero la persona en cuestión de la casa de Jefté es femenina, y por lo cual, propiamente no cabe en la esfera de su voto, ciertamente no en cuanto al significado literal de sus palabras.

En cualquier caso, hubiera sido ilegal, y repugnante para Jehová, el ofrecerle un sacrificio humano en holocausto.

En aquellos tiempos, tales ofrendas eran comunes entre las naciones gentiles, pero vale la pena remarcar que Israel no encajaba en las costumbres de esas naciones con esa gran particularidad, lo que indica que los sacrificios humanos eran desconocidos en Israel.

Se registró que Jefté “hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.” (v. 39). ¿Qué tiene que ver esto con un holocausto? O una cosa u otra. Pero tiene todo que ver con la primera parte de su voto, en dedicársela a Jehová. Eso, para ser concluyente, no tiene nada que ver con un sacrificio mortal, pero si tiene que ver con el dedicar una vida. Estaba dedicada a virginidad perpetua.

A qué mas se puede referir la “costumbre” (v. 39, 40) de “que todos los años vayan las doncellas de Israel a llorar a la hija de Jefté, el galaadita, durante cuatro días.” (v.40).

La palabra traducida como “llorar, endechar” aparece solo en un pasaje más en la Biblia en hebreo, y sucede que precisamente viene es en este mismo libro. Y por eso no podríamos tener una guía segura de su significado.

El pasaje en Jueces 5:11, “se contarán los triunfos de Jehová,”. Significa hablarlo a otros, por consiguiente, repetirlos juntos.

Esto siendo hecho anualmente, que las amigas de la hija de Jefté iban a repetir con ella, la perpetua virginidad de su vida, y no a lamentar el hecho pasado de su muerte.

Podemos concluir de toda la escritura, así como del Salmo106:35-38, Isaías 57:5 etc., que los sacrificios humanos era abominación para Dios; y no podemos imaginarnos que Dios los aceptaría, o que Jefté ofrecería sangre humana.

El conservar esa idea es una calumnia para Jehová así como para Jefté.

Podemos entender que Voltaire y los otros infieles hiciesen esto, aunque su razonamiento es circular, y depende de los dos casos, el de Isaac y el de la hija de Jefté (el cual discutimos), para apoyar su opinión. Su objeto es claro. ¿Pero qué decimos de los “altos” críticos, cuyas conclusiones, en su mayoría, se encuentran de una forma u otra en los escritos de los Ateístas Franceses e Ingleses de los últimos 2 siglos?

Por otro lado, vale la pena remarcar cómo el enemigo de la Palabra de Dios, incluso a usado a personas inocentes para perpetuar tradiciones, las cuales difaman las obras y palabras de Jehová.

Las palabras de Milton combinadas con la música de Handel (El Oratorio de “La Creación) han remachado la tradición en las mentes de todos que Dios creó “caos”, mientras que “todas Sus obras son perfectas” en belleza y orden.

Las palabras de Milton, de nuevo, combinadas con la música de Handel (el Oratorio de “Jefté”) han perpetuado la tradición de que un padre Israelita ofreció a su hija a Jehová en holocausto.

Es mucho esperar que esas palabras nuestras puedan hacer algo para romper la atadura de la tradición en cuanto los importantes temas anteriores.

Necesitamos algo de la fe de Jefté en los registros inspirados de la Palabra de Dios y sus obras. El creía lo que Jehová había causado para que se escribiera en “el libro de la Ley”. Había leído y ponderado aquellos registros de las palabras y obras de Jehová, o no habría podido hablar tan fuerte y verdaderamente lo que se había sido escrito para su aprendizaje.

Ojalá y tengamos una fe como esa, para que cuando tengamos que contender con aquellos que se nos oponen, que no tengamos que depender de nuestros propios argumentos o de nuestra propia sabiduría, sino que citemos la Palabra de Dios escrita y usemos “la espada del Espíritu”, la Palabra de Dios inspirada, la cual es provechosa para equipar al hombre de Dios, y todo aquel que hablara por Él, cuando nos encontremos con aquellos que “se resisten a la verdad”.

 

Jefté había escuchado

Jefté había creído, y

Jefté era uno de aquel grupo de vencedores que conquistaron a través de Dios.

 

E. W. Bullinger

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 

 




 

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