Concupiscencia, tentación y pecado



Como el título dice, este tema es sobre la tentación y cómo puede afectar -si logra su cometido- nuestra relación con Dios. No vamos a cubrir todo lo concerniente a la este tema, ya que requeriría más. Más bien, nos vamos a concentrar en el bien conocido pasaje de Santiago 1:14-15, documentando lo que ahí dice con cuatro ejemplos de la Palabra.

 

1. El tentador

Puesto que hablamos de tentación, sería bueno primero introducir al que principalmente está involucrado en ello, el cuál por esta razón se le llama “el tentador”. Así que vamos a Mateo 4:3 que dice:

 

Mateo 4:3
“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.”

 

Lo que está registrado en el pasaje anterior, pertenece a las tentaciones que Jesús padeció en el desierto. El que lo tentaba era el diablo, que por ésta razón se le llama “el tentador”, éste título también se usa para él en 1 de Tesalonicenses 3:5 que dice:

 

1 Tesalonicenses 3:5
“Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.”

 

La tarea del tentador es tentar, intentar, para esa manera hacer caer al tentado. Como es evidente con lo anterior, el que hace eso es el diablo.

 

2. Santiago 1:14-15

Habiendo introducido al tentador, vamos a continuar con el pasaje central de nuestro artículo que es Santiago 1:14-15 que dice:

 

Santiago 1:14-15
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

 

En cuanto a la palabra “concupiscencia”, es el plural del sustantivo en griego “epithumia” que viene 38 veces en el Nuevo Testamento y se traduce (Versión Inglés - KJV) 32 veces como “lujuria”, 3 veces como “concupiscencia” y 3 veces como “deseo”. Aparte de las 3 veces que se traduce como “deseo”, en todos los otros casos se usa con el significado de deseos de la carne, deseos del viejo hombre, deseos pecaminosos, por lo cual, un deseo que es contrario a Su voluntad. Es evidente en Romanos 8:5-8 que los deseos de la carne no son para nada agradables a Dios. Ahí leemos:

 

Romanos 8:5-8
“Porque los que son de la carne [vieja naturaleza] piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu [nueva naturaleza]. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

 

La mente carnal, que es enemistad contra Dios, por supuesto que incluye los deseos de la vieja naturaleza. De tales deseos es lo que habla Santiago 1:14-15. No se refiere a los deseos del nuevo hombre, porque esos deseos son agradables a Dios y no llevan a tentación.

En cuanto a la frase “pero cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”, no significa que la tentación nace solo como resultado de los deseos de la vieja naturaleza ni tampoco significa que cada vez que alguien es tentado, necesariamente será atraído a pecar. Tal opinión del pasaje anterior no puede ser correcta es evidente mediante el hecho que Jesucristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15). ¿Fue Jesucristo tentado porque fue atraído por los deseos de la carne? Si fuera atraído hubiera pecado. Pero ni fue atraído, ni pecó, aunque fue tentado EN TODO. Por lo cual lo que Santiago 1:14-15 nos dice no es tanto cómo nace una tentación, sino el cómo obtiene su propósito (pecado). La tentación es siempre (implícita o explícita) una obra del tentador, el diablo, y obtendrá su propósito (pecado), si somos atraídos y seducidos por los deseos del viejo hombre, para ir tras de ellos, llevarlos a cabo, y pecar.

Para entender mejor lo anterior vamos a ver algunos ejemplos de la Biblia. A continuación, examinaremos esos cuatro ejemplos, empezando de 1 de Timoteo 6:9.

 

2.1. 1 Timoteo 6:9

Ahí dice:

1 Timoteo 6:9
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición”

 

Vimos que la tentación logra su objetivo (pecado), cuando uno es atraído y seducido por los deseos de la vieja naturaleza. Como se puede ver, uno de esos deseos es también el deseo de ser rico, que de acuerdo al pasaje anterior, lleva a la tentación, a otros deseos dañosos, a la destrucción. Por lo cual podemos concluir, que el deseo de ser rico NO es la voluntad de Dios, sino el deseo de la CARNE1.

Esto por supuesto no significa que Dios no quiere que acumulemos tesoros. Sin embargo, Él quiere que no los acumulemos en la tierra sino en el CIELO. Como Jesucristo dijo:

 

Mateo 6:19-21, 25-25
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,(A) y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

 

Es imposible servir a Dios y a las riquezas. Escogerás ya sea servir a las riquezas, caso en el que te preguntarás después de algún tiempo, qué le sucedió a la Palabra que alguna vez sonó muy dulce en tu corazón (Mateo 13:22), o escogerás servir a Dios en cuyo caso tendrás tus necesidades cubiertas abundantemente (Filipenses 4:19, Mateo 6:25-34) y un gran tesoro eterno esperándote en el cielo.

 

2.2. Eva y la serpiente

Otro ejemplo donde vemos al diablo trabajando en engaño y seducción para así hacer que aquel que es tentado haga cosas contrarias a la voluntad de Dios, es en Génesis 3. En Génesis 2 Dios había ordenado al hombre “De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:16-17). Por lo cual, Adán y Eva sabían que no era lo voluntad de Dios comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero Génesis 3:1-5 nos dice:

 

Génesis 3:1-5
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

 

La tentación es siempre una obra del diablo, “el tentador”, y aquí lo vemos trabajando su profesión muy bien. Así que, primero reta cuestionando lo que Dios había dicho. Luego viendo la reacción de la mujer, pasa a un completo desacuerdo con la Palabra de Dios, prometiéndole que si comían, se convertirían en dioses, conociendo el bien y el mal. Pero, obviamente, la estaba engañando. Como 2 de Corintios 11:3 dice:

 

2 Corintios 11:3
“la serpiente con su astucia engañó a Eva”

 

Y también 1 de Timoteo 2:14 dice:
“sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”

 

Comparando las tentaciones del Señor Jesucristo registradas en Mateo 4:1-11 con la tentación de Eva podemos ver que en ambos casos el diablo primero trató de engañarlos. Cuando por ejemplo le prometió a Jesús “todas esas cosas (todos los reinos de la tierra y su gloria Mateo 4:8) yo te daré si postrado me adorares (Mateo 4:9)” obviamente estaba tratando de engañarlo2. Aún así falló rotundamente. Como Mateo 4:10 dice, en cuanto a ésta tentación:

 

Mateo 4:10
“Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”

 

Jesús NO fue engañado. Si hubiera sido engañado hubiera caminado fuera de la voluntad de Dios (lo “escrito” en el pasaje anterior) y hubiera pecado. Pero como la Palabra dice: Él “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15)” Jesús no fue engañado sino que agregó la Palabra de Dios. El diablo como resultado, viendo que sus intentos eran fallidos, le dejó (Mateo 4:11). Lo contrario de Eva, siendo seducida y engañada por el adversario, hizo a un lado la Palabra de Dios y…

 

Génesis 3:6
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”

 

La mujer siendo estimulada por el diablo desobedeció la Palabra de Dios, fue atraída siguiendo sus sentidos3, y como resultado ella (y su esposo) pecaron y murieron4.

 

2.3. El censo de David

Otro ejemplo donde vemos al diablo haciendo que alguien actúe lo contrario a la voluntad a Dios, es en 1 de Crónicas 21. Ahí empezando el verso 1 leemos:

 

1 Crónicas 21:1-4
“Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa. Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos éstos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?”

 

Las reglas en cuanto a los censos están registradas en Éxodo 30:11-16. Ahí en el verso 12 dice:

 

Éxodo 30:12
“Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado.

 

Por lo cual obviamente, si un censo no era hecho de acuerdo a las reglas de Éxodo 30, una plaga golpearía a Israel, lo cual es exactamente lo que sucedió en este caso. 2 Samuel 24:15 dice:

 

2 Samuel 24:15
“Y Jehová envió la peste sobre Israel…”

 

El mero hecho de que la mortandad viniera sobre Israel debido al censo, demuestra que David no siguió las reglas correspondientes de Éxodo 30. Como Eva, él sabía la Palabra de Dios pero no le hizo caso5. No dice lo que el diablo exactamente hizo para hacerlo caminar en la dirección opuesta de la voluntad de Dios, pero sin duda vemos que fue el diablo el que lo llevó a hacerlo, haciendo que el pecado (esto es, un censo sin seguir las reglas de la ley) se viera DESEABLE (2 Samuel 24:3) ante sus ojos. El efecto del acto de David frente a Dios está registrado en el verso 7:

 

1 Crónicas 21:7
“Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel.”

 

Sin duda Dios se complace cuando hacemos Su voluntad, y no cabe duda que se disgusta cuando no la hacemos. La tarea del tentador es engañarnos para que hagamos a un lado la Palabra de Dios y que hagamos cosas que no sean de la voluntad de Dios, esto es pecados. Como David dijo confesando su pecado:

 

1 Crónicas 21:8
“Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente.”

 

Cuando sea que pequemos, estamos engañados “hacemos muy locamente”, aunque no lo entendamos en ese momento.

 

2.4 David y Betsabé

Finalmente, el último ejemplo que vamos a examinar aquí es 2 de Samuel 11-12. Y se refiere de nuevo a David. Ahí empezando en el verso 1 leemos:

 

2 Samuel 11:1
“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.”

 

La Palabra en este verso, aparte de la información histórica que nos da, también contrasta (ver el “pero” ahí) el hecho de que aunque era “el tiempo en que los reyes salen a la guerra” David se quedó… en casa. Seguramente eso no era algo usual para un hombre tan valiente y bravo como era David. Pero vamos a continuar.

 

2 Samuel 11:2-3
“Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo.”

 

David vio a una mujer hermosa la cual le gustó y mandó preguntar por ella. De la información que recibió, sabía que esa mujer estaba casada con Urías el heteo. Uno esperaría que puesto que David sabía eso, ni si quiera pensaría en acercársele porque sabía muy bien que de acuerdo a la ley (Levítico 20:10 y Deuteronomio 22:22), que ese era un pecado cuya penalidad era la muerte. Bueno… desafortunadamente David no pensó de la manera en que uno esperaría. 2 Samuel 11:4 dice:

 

2 Samuel 11:4
“Y envió [DESPUÉS de que supo que Betsabé estaba casada con Urías] David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.”

 

En el verso 1 David se quedó en casa en vez de hacer lo que era usual en un rey: ir al frente de su pueblo en la batalla. En el verso 2 se levantó de su cama a caminar exactamente a la hora que Betsabé se estaba bañando. En el verso 3 preguntó por ella y supo que estaba casada. No sé si algo estaba mal en él hasta aquí, pero sí sé que algo ciertamente estaba mal con él en el verso 4, ya que se acostó con una mujer casada a la cual también embarazó. De ahí en adelante, un pecado le seguía a otro. Los versos 6-12 dicen:

 

2 Samuel 11:6-12
“Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real. Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente.”

 

La solución de David al problema que él mismo había creado, era la de enviar a Urías a casa, para que se acostaras con su mujer y la embarazara. Pero Urías no “cooperó”. No podía dejar el Arca de Dios afuera en el campo, ni tampoco a sus compatriotas peleando y él en casa acostándose con su esposa. No fue un accidente que la Palabra de Dios lo clasificara como uno de los treintaisiete “hombres valientes que David tenía” (2 Samuel 23:8,39). Ciertamente Urías era un soldado fiel de David, aunque David no le era fiel.

Habiendo fallado al tratar de engañar a Urías, David avanzó. Los versos 13-15 dicen:

 

2 Samuel 11:13-15
“Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa. Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera.”

 

Es difícil creer que un hombre que era movido por Dios (2 Pedro 1:21), que escribió una considerable parte de Su Palabra, cuyo nombre la Palabra se refiere cientos de veces, escribió una carta así que envió en las manos de su propia víctima. Sin embargo vamos a tener en cuenta que lo que aquí estamos leyendo no son hechos de David como hombre de Dios. David ya no caminaba como hombre de Dios, cuando hizo esas cosas. Más bien, estaba fuera de la relación con Dios, por lo menos a partir del momento en que se acostó con Betsabé. Pero vamos a continuar:

 

2 Samuel 11:16-17, 26-27
“Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo…Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.”

 

David finalmente logró su plan y mató a Urías. Ahora esperaba ya no tener ningún problema con uno, aparte de los unos cuantos que sabían lo que él había hecho. Pero la historia no termina aquí. Porque aunque casi nadie sabía lo que había sucedido, DIOS sí lo sabía. Vamos a ver lo que hizo:

 

2 Samuel 11:27, 12:1-12
“Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová….Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová.”

 

David, menospreció el mandamiento, la Palabra del Señor, como ya había hecho con el censo y como también hizo Eva con el árbol del conocimiento del bien y del mal (y como Cristo NO HIZO aunque fue tentado EN TODO). ¿El resultado? pecado y maldad. Sin embargo cuando fue reprobado, se arrepintió y confesó su pecado. Vamos a ver si el Señor lo perdonó, y qué pasó con la pena de muerte de la ley. El verso 13 dice:

 

2 Samuel 12:13
“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.

 

El Señor remitió el pecado de David tan pronto como lo había confesado. Su confesión también lo salvó de la pena de muerte. La frase “No morirás”, obviamente se refiere a la pena de muerte de la ley. Esa no fue una excepción para David. Dios en verdad nunca deseó la muerte de un pecador sino su arrepentimiento. Como en Ezequiel 32:11 dice:

 

Ezequiel 33:11
“Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?”

 

Lo que Dios desea es vida y una relación con él. Es por eso que inmediatamente perdonó a David, así como también nos perdona a nosotros inmediatamente, cuando le confesamos nuestros pecados.

 

3. Conclusión

Por lo cual concluyendo:

i) El amo de la tentación, el tentador, es el diablo.

ii) Cedemos a la tentación cuando somos engañados por el adversario (explícita o implícitamente) de ir tras las cosas contrarias a la voluntad de Dios, como está declarado en la Biblia o mediante revelación. El resultado es siempre pecado. Eva hizo a un lado lo que Dios había dicho en cuanto al árbol del conocimiento del bien y del mal. Y el resultado fue pecado. David hizo a un lado lo que la Palabra de Dios dice en cuanto al censo. Y resultó pecado. También hizo a un lado lo que la Palabra de Dios dice sobre el adulterio. Y el resultado fue de nuevo pecado. Por el contrario, Jesucristo respetó la Palabra de Dios. Nunca la hizo a un lado sino que la usó para enfrentar las tentaciones del diablo y el resultado “fue tentado en todo como nosotros, y sin pecado”. En otras palabras, vamos a buscar y estar consientes de la voluntad, la Palabra de Dios y vamos a ponerla en lo profundo de nuestros corazones. Vamos a sostenernos de ahí y no hacerla a un lado y el diablo no nos atraerá y no hará que la tentación logre su cometido: hacernos pecar.

iii) Si sucede que caigamos y pequemos, entonces hay una necesidad de confesarle nuestros pecados a Dios, quién a su vez inmediatamente nos perdonará. Como 1 Juan 1:9, 2:1-2 dice:

 

1 Juan 1:9, 2:1-2
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad….Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

 

Tan pronto como le confesamos nuestros pecados a Dios, Él nos perdona. Lo vimos con David. Hizo tanto mal. Incluso mató a Urías uno de sus más fieles soldados. Sin embargo, tan pronto como confesó su pecado, “El Señor lo redimió”. El ceder a la tentación significa pecado y el pecado necesita nada más y nada menos que perdón y pedir perdón a aquellos que probablemente herimos, aprender la lección que tengamos que aprender y seguir adelante.

El problema de las concupiscencias [epithumies] de la carne no se resuelven mirando a la carne y lo que se hizo. Más bien se resuelven mirando a Dios y usando al máximo todo lo que Él nos ha dado en el nuevo nacimiento. Como Gálatas 5:16-18 dice:

 

Gálatas 5:16-18
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.”

 

La vieja y la nueva naturaleza son opuestas una de la otra y este pasaje nos dice cómo no llevaremos a cabo las concupiscencias de la vieja naturaleza, las cuales llevan a tentación y pecado. El camino es simple: “Camina en el Espíritu [nuevo nacimiento]”, y [como resultado], no seguirás los deseos de la carne” (aunque el diablo seguirá tratando de atraernos para pecar y destruir nuestra relación con Dios).

 

Anastasios Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 

 



Notas al pie

1. En cuanto a las posesiones con las cuales uno debe de estar contento, 1 Timoteo 6:6-8 dice: “Porque no trajimos nada a este mundo, y ciertamente nada nos podemos llevar. Y teniendo abrigo y vestido con eso deberíamos estar contentos”.

2. Esto es, atraerlo de la verdad, “lo escrito”.

3. Es por eso que tales frases como: “Ella vio”, “Era agradable a los ojos”, “Era deseable”.

4. Para esa muerte, ver: Espíritu, Alma y Cuerpo.

5. Aunque fue advertido por Joab (1 Crónicas 21:4).

 




 

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