Apocalipsis 3:15-19



La mezcla entre frío y caliente resulta en tibio tibio, esto es, ni frío ni caliente. El Señor se dirigió a la tibieza en Apocalipsis 3, hablándole al ángel de la iglesia de La odisea. Ahí leemos:

 

Apocalipsis 3:15-19
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

 

Como el pasaje anterior pone en claro, la tibieza es inaceptable ante el Señor. El tibio no está ferviente por el Señor. Su corazón no está encendido de amor por Él. La opinión que sostiene por sí mismo es enteramente diferente de la opinión que el Señor tiene de él. Entonces, mientras que el Señor lo ve “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”, él se ve a sí mismo como rico, que no tiene necesidad de nada. El enfoque de su interés no es el Señor y Su opinión, sino sí mismo. “Yo soy rico, y [yo] me hecho de dinero” dice. Para el tibio, Jesucristo era probablemente su Señor, y lo confesó como tal, alguna vez en el pasado. Sin embargo, Él no es su Señor, su jefe, HOY. Su jefe hoy es más bien sí mismo. No obstante, como Mateo 16:24-25 dice:

 

Mateo 16:24-25
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

 

El acto de seguir no es estático. Para seguir a Jesucristo uno tiene que negarse a sí mismo, y eso no es algo estático. Algo que debido a que lo hicimos ayer, es seguro que también lo haremos hoy.

Aunque hayamos confesado a Jesús como Señor, el que Él sea VERDADERAMENTE nuestro Señor, nuestro jefe, es algo que tenemos que decidir día a día, aún en cada momento. Jesucristo no quiere que seamos gente que solo lo haya confesado como Señor alguna vez en el pasado, sino gente que VIVA su confesión continuamente. Como Pablo dijo en 2 de Corintios 13:5

 

2 de Corintios 13:5
Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”

 

El hecho de que alguna vez hayamos creído, no significa que hoy sigamos en la fe. Por lo cual, no seamos relajados sino que examinémonos a nosotros mismos. ¿Seguimos hoy en la fe? ¿Es Jesucristo nuestro Señor hoy? o solo asumimos que todo está bien con Él mientras hagamos nuestras…… “tareas”. El Cristianismo no es una religión. Es una relación. Una relación con un Dios vivo y un Señor vivo. ¿Es Él Señor de nuestras vidas hoy o no?

El propósito de las preguntas anteriores no es para generar condenación o miedo (excepto temor de Dios), sino el hacer que nos examinemos a nosotros mismos, como las Escrituras dicen que debemos hacer. Aunque el Señor desprecia la tibieza, incluso más que la frialdad, ama al tibio y quiere cambiarlo. Quiere verlo arrepentido y volverse FERVIENTE. Es por eso que en el mismo pasaje de Apocalipsis 3 dice: “Yo reprendo y castigo a los que amo”. La reacción del Señor en contra del tibio no es la de rechazarlo sino la de castigarlo, como en Hebreos 12:11 dice: “que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza”. Sin embargo, es esa “tristeza divina” lo que produce (el) arrepentimiento (2 Corintios 7:10), que el tibio tanto necesita.

 

Tassos Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 

 




 

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